Más allá de tener personajes y aventuras memorables, Miyazaki retomó un concepto de la filosofía japonesa que justifica aquellos momentos sin diálogos ni música.
Fundado en 1985 por Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki, Studio Ghibli es considerado uno de los estudios de animación más importantes del cine no solo japonés, sino a nivel internacional. Célebre por su técnica de animación tradicional y su capacidad para unir la fantasía con mensajes poéticos y ambientalistas con obras de gran valor visual, ha sido responsable de producir más de 20 títulos emblemáticos como Mi vecino Totoro (1988), El castillo ambulante (2004), El chico y la garza (2023) y la ganadora al Oscar El viaje de Chihiro (2001).
A lo largo de sus películas, el estudio de animación japonés demostró ser diferente a cualquier otra cosa que se haya visto en las películas infantiles y gran parte recae en su belleza visual, que ha sido llevada de la mano a través de un concepto japonés que Miyazaki ha plasmado en su cinematografía.
Studio Ghibli y la visión filosófica de Miyazaki
Uno de los elementos que han sido el sello definitivo del estudio de animación es su particular diseño visual, con paisajes realizados artesanalmente, cada cuadro y escena parecen sacados de una obra artística. El detalle visual es evidente: las tonalidades, las sombras, la luz, dan como resultado filmes visualmente hermosos.
Pero su belleza no solo recae en lo visual, la filosofía de Studio Ghibli, impulsada principalmente por Hayao Miyazaki, además de tener personajes entrañables y lecciones de vida poderosas, rinde tributo al entorno natural, entrelazándolo con una visión espiritual de la existencia conocida como "Ma", un concepto filosófico japonés que le da valor a esos momentos de silencio o donde el espectador podría pensar que no pasa nada.
Cuando el cine y la filosofía japonesa se entrelazan
Miyazaki retomó el concepto filosófico japonés conocido como "Ma (間)" a través de su cine, en la cultura japonesa, el Ma representa la importancia de las pausas entre una acción y otra. Más que un simple vacío, es un espacio creado con intención para que las cosas "respiren".
No se trata de un hueco sin importancia o al azar, sino de un silencio necesario que le da orden y equilibrio a lo que hacemos o en este caso, al filme. Sin esos descansos, el arte y la vida diaria carecerían de armonía y estructura. Miyazaki utiliza este concepto de manera magistral a lo largo de pausas narrativas y silencios, esto permite a la espectador a detenerse un momento a reflexionar y procesar la emoción de la escena, ante un mundo cagado de hiperactividad.
A través de la cinematografía de Studio Ghibli, Miyazaki utiliza esta técnica para conectar con nuestras emociones sin necesidad de una sola palabra, nos enseña que el uso del silencio y la quietud entre escenas son tan valiosos como la acción misma, pues son los que definen el ritmo y la belleza de cualquier composición.
No por nada las películas de Studio Ghibli es un lugar recurrente por millones de personas, sus filmes nos enseñan a encontrar la belleza en lo cotidiano y en esos instantes donde "no pasa nada", esos momentos de quietud en la pantalla son los que realmente definen la identidad de estas obras maestras.