Pudo ser el nuevo Star Wars, pero será recordada como un fracaso monumental de la ciencia ficción con dos directoras legendarias
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Esta cinta tiene algo que muchos fracasos no tienen: identidad. Pudo ser el inicio de una nueva epopeya espacial pero terminó como un fracaso monumental.

Star Wars de George Lucas es para muchos el estándar cuando se habla de epopeyas espaciales. No solo por las naves, los sables de luz o la lucha eterna entre el bien y el mal, sino porque logró construir un universo con sus propias reglas propias, dinastías, planetas, criaturas, política, religión y una mitología tan grande que todavía seguimos regresando a ella incluso décadas después. Es el tipo de película que cambió la idea de lo que podía ser una aventura galáctica.

Por eso, cada cierto tiempo aparece una nueva producción con ganas de ocupar ese lugar. Hollywood ha intentado encontrar "el nuevo Star Wars" más veces de las que le gustaría admitir, pero pocas películas llegaron con tanta ambición visual y tanta confianza en su propio universo como El destino de Júpiter. En teoría, tenía todo para ser enorme. En la práctica, terminó como uno de los fracasos más recordados de la ciencia ficción moderna.

La epopeya espacial que quería jugar en las grandes ligas

El destino de Júpiter fue escrita y dirigida por Lily y Lana Wachowski, las mismas creadoras de Matrix. Eso bastaba para levantar expectativas. Después de redefinir la ciencia ficción de finales de los 90 con Neo, la simulación y las gabardinas de cuero, la idea de verlas construir una nueva ópera espacial sonaba como una promesa de algo grande, raro y visualmente descomunal.

La película, estrenada en 2015, seguía a Jupiter Jones, interpretada por Mila Kunis, una joven que trabaja limpiando casas y descubre que su vida está conectada con una dinastía intergaláctica. De pronto, aparece Caine Wise, un guerrero representado por Channing Tatum, para decirle que su destino no está en la Tierra, sino en medio de una guerra cósmica de familias poderosas, herencias imposibles y planetas convertidos en propiedad privada.

El problema fue que el universo llegó demasiado cargado

El gran obstáculo de El destino de Júpiter es que parece querer explicarlo todo y correr al mismo tiempo. La película lanz{o nombres, conceptos, linajes, planetas, traiciones y persecuciones como si el público ya hubiera visto tres entregas anteriores. En lugar de abrir poco a poco su mundo, lo aventó todo sin temor.

La película es excesiva, extraña, visualmente recargada y convencida de su propia locura. Pero para buena parte de la crítica y del público, el resultado fue confuso. Con un presupuesto estimado entre 176 y 210 millones de dólares, apenas recaudó alrededor de 184 millones a nivel mundial, una cifra muy baja para una producción de esa escala.

Las Wachowski tenían una visión enorme, pero no una nueva saga

Lo más interesante de El destino de Júpiter es que no se siente como una película hecha por encargo comercial. Para bien o para mal, tiene personalidad. Sus imágenes son gigantes, sus ideas son raras y su ambición se siente presente. En una época dominada por secuelas, superhéroes y franquicias con fórmula, las Wachowski intentaron venderle al público una mitología original de alto presupuesto.

El problema fue que la película necesitaba una claridad emocional que nunca terminó de aterrizar. Star Wars podía tener imperios, senadores, jedis y profecías, pero al centro estaba Luke mirando dos soles y soñando con escapar. El destino de Júpiter tenía arquitectura galáctica, familias inmortales y trajes espectaculares, pero su corazón quedaba perdido entre tanta explicación y tanto brillo.

Con los años, la cinta ha ganado cierta reputación de culto. Hay quienes la defienden como una rareza incomprendida, una fantasía espacial exagerada que se atrevió a ser ridícula antes que genérica. Y algo de razón hay. No todas las películas fallidas son aburridas. Algunas fracasan precisamente porque intentan demasiado.

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