Esta película fue considerada una de las más bellas del siglo XX y está gratis en México
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Es una película hermosa porque encuentra belleza en la ruina, en la desconfianza y en una ciudad partida en pedazos.

El siglo XX dejó tantas películas bellas que escoger una sola puede sentirse casi injusto. Ahí están Lawrence de Arabia, con sus desiertos inmensos. Los paraguas de Cherburgo, con su colorido de musical melancólico. Y 2001: Odisea del espacio, con imágenes que todavía parecen venir del futuro. El cine clásico tiene esa ventaja: muchas de sus imágenes ya no solo se recuerdan, se sienten como parte de una educación sentimental.

Pero la belleza en el cine no siempre viene de paisajes perfectos o colores vibrantes. A veces aparece en una calle mojada, en una sombra alargada, en una ciudad rota después de la guerra o en un rostro que entra a cuadro cuando menos lo esperas. Hay películas que no son "bonitas" en el sentido tradicional de la palabra, pero sí hipnóticas. Una de ellas está disponible gratis en México y es una joya que cualquier cinéfilo debería ver al menos una vez.

Una obra maestra que puedes ver sin gastar un peso

La película es El tercer hombre, el clásico noir de 1949 dirigido por Carol Reed y escrito por Graham Greene. Actualmente puede verse gratis en Plex, una opción perfecta para quienes quieren acercarse a una de las grandes obras del cine británico. Dura poco menos de dos horas y se siente como una visita nocturna a una ciudad donde nadie dice toda la verdad.

La historia sigue a Holly Martins, un escritor estadounidense de novelas del Oeste interpretado por Joseph Cotten, que llega a Viena para visitar a su viejo amigo Harry Lime. El problema es que, apenas pisa la ciudad, se entera de que Harry murió en circunstancias extrañas. A partir de ahí, la película se convierte en una investigación llena de medias verdades, silencios incómodos y personajes que parecen saber más de lo que están dispuestos a contar.

Orson Welles aparece como Harry Lime y, aunque su presencia no domina la película en cantidad de minutos, sí lo hace en espíritu. Todo gira alrededor de él: su ausencia, su sombra, su encanto peligroso y la manera en que los demás lo recuerdan.

La belleza de una ciudad torcida

El tercer hombre no es ve como un thriller común. Su Viena de posguerra está filmada con una mezcla de elegancia y podredumbre que la vuelve inolvidable. Calles húmedas, fachadas destruidas, sombras diagonales, escaleras imposibles y encuadres inclinados hacen que todo parezca ligeramente fuera de lugar, como si la ciudad entera estuviera llena de culpa.

La fotografía de Robert Krasker ganó el Oscar, y basta ver unos minutos para entender por qué. No es una belleza limpia, sino una belleza inquietante. La película parece hecha de humo, piedra, luz y rincones donde algo malo acaba de pasar o está a punto de pasar. Cada plano tiene una precisión rara, pero nunca se siente frío. Al contrario: hay una energía sucia, viva, casi callejera.

Un clásico que sigue respirando

Lo más sorprendente de El tercer hombre es que no envejeció como una pieza de museo. Sigue teniendo ritmo, vibra y una elegancia que no depende de la nostalgia. Su historia habla de amistad, traición, mercado negro, amor imposible y de ese momento incómodo en el que uno descubre que admiraba a la persona equivocada. No hace falta saber demasiado de cine noir para entrarle.

El final es uno de los más secos y perfectos del cine clásico. Carol Reed entendió que algunas historias no necesitan cerrar con una frase brillante, sino con una imagen que se queda ahí, caminando lentamente frente a nosotros. De esas que duelen más porque no explican nada.

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