Fue atropellado en el rodaje de 'Misión: Imposible' y murió horas después de recibir un millón de dólares como compensación
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Aunque la franquicia siguió creciendo hasta convertirse en una de las marcas más importantes del cine de acción, este episodio permanece como recordatorio de todo lo que no vemos cuando una escena sale perfecta.

Hay muchas historias detrás de Misión: Imposible que ya parecen parte de la leyenda moderna de Hollywood. Tom Cruise colgado de un avión, saltando de un acantilado y corriendo como si la franquicia dependiera de él. Durante décadas, la saga se midió en los millones de dólares acumulados, récords de taquilla y la idea de que Ethan Hunt siempre podía hacer una locura más.

Pero no todo lo que ha pasado alrededor de estas películas cabe en el espectáculo, ni en los videos promocionales donde se presumen las siguientes grandes acrobacias. La acción en pantalla suele venderse como adrenalina limpia, casi como un juego perfectamente calculado. Detrás hay especialistas, ensayos, riesgos reales y decisiones que no siempre salen bien, sino todo lo contrario.

El accidente que marcó 'Misión: Imposible II'

Una de las historias más duras de la franquicia ocurrió durante el rodaje de Misión: Imposible II, la entrega dirigida por John Woo y estrenada en el año 2000. El especialista Mark Joseph Connolly participaba en una escena de acción cuando fue impactado por una motocicleta que debía pasar cerca de él durante una secuencia complicada. El golpe le provocó heridas graves y terminó por cortar de golpe su carrera como doble de riesgo.

Connolly no era una figura famosa para el gran público. Su trabajo pertenecía a ese lado del cine que casi siempre se queda fuera de los reflectores. En el set interpretaba a un guardia dentro de una secuencia de acción y debía moverse con precisión en medio del caos. El problema fue que la coordinación falló.

La motocicleta lo golpeó con fuerza como para dejarle lesiones permanentes. Sufrió fracturas, dolor crónico y limitaciones físicas que le impidieron seguir trabajando como especialista. Para alguien cuya vida profesional dependía del cuerpo, del control y de la confianza en el equipo, aquello fue una sentencia laboral.

Una compensación que llegó demasiado tarde

Después del accidente, Mark Connolly llevó el caso a la justicia. No fue un proceso rápido ni sencillo. Pasaron años antes de que llegara una resolución favorable para él, mientras vivía con las consecuencias físicas del golpe y con una carrera que ya no pudo continuar. La cifra final superó el millón de dólares, una compensación enorme en papel, pero muy pequeña frente a todo lo perdido.

Lo más triste llegó al final. Connolly se enteró de que había ganado el caso apenas unas horas antes de morir de cáncer de páncreas, cuando tenía 44 años. La noticia que debía cerrar una batalla larguísima llegó cuando ya estaba demasiado enfermo para celebrarla como cualquiera habría imaginado. Su familia fue la que terminó recibiendo el cierre judicial de una historia que había comenzado ocho años antes, en pleno rodaje de una superproducción.

El caso sigue siendo una sombra incómoda dentro de una saga asociada casi siempre con la emoción, la precisión y el control absoluto del riesgo. Misión: Imposible ha construido buena parte de su fama sobre la idea de que lo imposible puede hacerse frente a una cámara. La historia de Mark Connolly recuerda la otra cara: la de quienes ponen el cuerpo para que esa ilusión exista, aunque sus nombres rara vez aparezcan en la conversación.

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