Cuarenta y cinco años después, las gemelas de 'El resplandor' ya no caminan por los pasillos del Overlook. Pero en la memoria del cine, siguen esperando al final del corredor.
Hay imágenes del cine de terror que se quedan pegadas aunque aparezcan apenas unos segundos. Reagan bajando por las escaleras como araña en El exorcista, Pennywise mordiendo a Georgie en Eso y el xenomorfo saliendo del pecho de un hombre en Alien, el octavo pasajero.
Eso pasó con las gemelas de El resplandor, una de las apariciones más famosas de la película de Stanley Kubrick. Danny Torrance pedalea por los pasillos del Hotel Overlook, dobla una esquina y ahí están ellas, tomadas de la mano, invitándolo a jugar "para siempre". La escena dura poco, pero alcanzó para instalarse en la memoria de varias generaciones. Si alguna vez viste la película muy chico, seguro el pasillo todavía se siente más largo de lo normal.
Las niñas del Overlook ya no viven en el cine de terror
Las actrices detrás de aquellas inquietantes hermanas son Lisa y Louise Burns, quienes tenían apenas 12 años cuando participaron en El resplandor. Hoy, más de cuatro décadas después, lucen completamente distintas a la imagen congelada que millones recuerdan del clásico de 1980. Ya no son las niñas de vestidos celestes, medias blancas y mirada fantasmal: son dos mujeres adultas que, cuando aparecen juntas en fotos o convenciones, conservan ese parecido que de inmediato activa la referencia.
Lo curioso es que su paso por el cine fue brevísimo. Aunque la escena de las hermanas Grady se volvió una de las más imitadas y parodiadas del terror, Lisa y Louise no siguieron una carrera como actrices. El resplandor pudo haber sido la puerta a más proyectos, pero ellas tomaron otro camino. Uno bastante lejos de los reflectores, de los sets y de los pasillos embrujados.
Lisa estudió literatura y con los años se convirtió en abogada, mientras Louise se dedicó al mundo científico y llegó a trabajar como microbióloga. Ninguna de ellas se quedó eternamente atrapadas en el Overlook ni de convertirse en estrellas infantiles recicladas por Hollywood. Su historia tuvo un giro más tranquilo, más normal y, de cierta forma, mucho más sano que el de otros niños que crecieron frente a cámaras.
La escena que las volvió leyenda
En la novela original de Stephen King, las hijas de Delbert Grady no eran gemelas: tenían ocho y diez años. Kubrick decidió presentarlas como dos niñas idénticas, tomadas de la mano, con ropa igual y una sincronía casi antinatural. El cambio fue pequeño en papel, pero enorme en pantalla. La simetría volvió todo más perturbador.
Las propias Burns han contado que practicaron mucho la forma de hablar al mismo tiempo, con ese tono extraño. También han dicho que el rodaje no les parecía tan aterrador mientras estaban ahí. Para ellas, ver maquillaje, cámaras y adultos preparando escenas era más parecido a una fiesta enorme de disfraces que a una pesadilla. Muy distinto a lo que sintió el público.
Al final, parte del encanto está en que Lisa y Louise nunca intentaron explotar el personaje hasta desgastarlo. Se alejaron de la actuación, hicieron sus vidas y regresaron al contacto con los fans desde otro lugar, más amable y nostálgico. En redes y eventos suelen aparecer juntas, sonrientes, saludando a quienes crecieron aterrados por su escena. Hay algo simpático en ello: las niñas que daban miedo ahora parecen disfrutar el cariño de una comunidad que las convirtió en íconos.