Esta estrella podría vivir tranquilamente de homenajes, documentales, premios honorarios y recuerdos. Pero su carrera reciente demuestra que no está interesada en convertirse únicamente en una postal de otra época.
Hollywood está lleno de leyendas que parecen haber vivido varias vidas frente a una cámara. Anthony Hopkins sigue apareciendo en proyectos enormes con esa presencia que llena la pantalla sin hacer demasiado ruido. Clint Eastwood ha dirigido y actuado durante décadas como si el retiro fuera una palabra ajena. Jane Fonda, Julie Andrews, Martin Scorsese o Harrison Ford también pertenecen a esa generación de figuras que no solo marcaron una época, sino que siguen apareciendo, opinando o trabajando cuando muchos ya las daban por historia.
Hay nombres que el público asocia con el cine clásico, con alfombras rojas de otra época o con películas que se estudian como monumentos culturales. Pero de vez en cuando aparece alguien que rompe esa idea. No se trata únicamente de vivir de homenajes ni de recibir premios por trayectoria. Hay figuras que siguen ahí, activas, presentes, como si la industria todavía les pidiera una escena más.
Ella sigue aquí y no de adorno
La leyenda en cuestión es Rita Moreno, una de las últimas grandes figuras vivas del Hollywood clásico. Ella es una artista que lleva más de siete décadas trabajando sin dejarse encerrar por la industria. Nació en Puerto Rico en 1931, llegó a Estados Unidos siendo niña y empezó a abrirse camino en un sistema que no estaba precisamente diseñado para darle oportunidades justas a una actriz latina. Aun así, ahí se quedó.
Moreno participó en clásicos como Cantando bajo la lluvia, El rey y yo, Amor sin barreras y Conocimiento carnal, cuatro películas que, de una forma u otra, forman parte de la memoria del cine estadounidense. Su papel como Anita en Amor sin barreras la convirtió en historia: ganó el Oscar a mejor actriz de reparto y se volvió la primera actriz latina en llevarse la estatuilla.
Porque su carrera no fue un camino cómodo de aplausos continuos. Después del Oscar, Hollywood siguió ofreciéndole personajes estereotipados, papeles "exóticos" y oportunidades que muchas veces parecían ignorar su talento real. Moreno pudo haberse quedado encasillada pero no lo hizo. Se movió, peleó, volvió al teatro, trabajó en televisión, cantó, bailó, actuó y terminó construyendo una carrera más grande que las limitaciones que intentaron imponerle.
Una de las pocas artistas con EGOT
Rita Moreno pertenece a un club diminuto dentro del entretenimiento: el de los artistas que han ganado Emmy, Grammy, Oscar y Tony. El famoso EGOT no es solo una medallita para presumir en una comida: habla de una versatilidad tremenda en cine, televisión, música y teatro. Cuatro territorios distintos y ella logró destacar en cada uno de ellos.
El Oscar llegó por Amor sin barreras. El Grammy, por su trabajo en The Electric Company. El Tony, por The Ritz. Y los Emmy, por apariciones en The Muppet Show y The Rockford Files. Puede sonar como una lista bonita de premios, pero en realidad cuenta otra cosa: Moreno no fue una estrella de un solo momento. En cada década encontró una forma distinta de volver a aparecer.
De 'Amor sin barreras' a 'Rápidos y furiosos 10'
En los últimos años, Moreno volvió a colocarse frente a nuevas generaciones por caminos muy distintos. Steven Spielberg la llevó de regreso al universo de Amor sin barreras en su remake de 2021, pero no solo como guiño nostálgico. Interpretó a Valentina, un personaje nuevo que funcionaba como puente emocional entre la película original y la nueva versión.
Luego apareció en Rápidos y furiosos 10 como la abuela Toretto, porque Hollywood a veces tiene combinaciones que suenan imposibles hasta que ocurren. Ver a una EGOT compartiendo universo con Vin Diesel, autos imposibles y discursos sobre la familia tiene algo delicioso y absurdo. Pero también dice mucho de ella: Moreno no se quedó esperando personajes solemnes para "leyendas". Sigue trabajando, se divierte y entra donde quiere entrar.