Hay escenas de acción que se vuelven famosas por su complejidad, y otras que se quedan en la historia justo por hacer lo contrario. Indiana Jones, la franquicia iniciada por Steven Spielberg y protagonizada por Harrison Ford, ha tenido persecuciones imposibles, trampas antiguas, puentes colgantes, templos malditos y nazis recibiendo su merecido con bastante estilo. Pero uno de sus momentos más aplaudidos dura apenas unos segundos.
Esa es parte de la gracia del personaje. Indy no siempre gana porque sea el más fuerte, el más elegante o el más preparado. A veces gana porque está cansado, sucio, golpeado y no tiene tiempo para tonterías. Harrison Ford entendía eso perfecto. Y durante el rodaje de Los cazadores del arca perdida, una infección estomacal horrible terminó ayudando a definir esa actitud mejor que cualquier escena cuidadosamente coreografiada.
La pelea épica que nunca se filmó
La escena ocurre en El Cairo, cuando Indiana Jones queda frente a un espadachín vestido de negro que se abre paso entre la multitud con una habilidad impresionante. El hombre gira su espada, presume técnica, amenaza con todo el cuerpo y parece listo para protagonizar un duelo largo, físico y espectacular. En cualquier otra película de aventuras, ese habría sido el inicio de una pelea memorable.
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El plan original iba justo por ahí. El guion marcaba una gran confrontación entre el látigo de Indy y la espada del rival, una secuencia de varios minutos con coreografía, extras, movimiento y ese tipo de lucimiento que suele vender la idea de un héroe invencible. Terry Richards, el especialista que interpretaba al espadachín, había entrenado durante semanas para ejecutar el combate. Todo estaba listo para que el duelo se viera enorme.
Solo había un problema: Harrison Ford estaba mu enfermo. Durante el rodaje en Túnez, buena parte del equipo sufrió problemas estomacales por las condiciones de producción y la comida local. Ford contó que apenas podía alejarse de su tráiler por más de unos minutos, así que realizar una pelea larga bajo el sol, rodeado de extras y con varias tomas por delante, sonaba menos a cine de aventuras y más a tortura medieval.
"Y si simplemente le disparamos?"
Con ese panorama, Ford llegó al set convencido de que la escena era demasiado. No solo por su estado físico, sino porque la película venía de una persecución y de varias acciones previas. Meter otro duelo largo podía frenar el ritmo y distraer de lo importante: Indy seguía intentando rescatar a Marion. Así que el actor le propuso a Steven Spielberg una solución seca, práctica y muy de Indiana Jones: ¿y si simplemente le disparaba?
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Spielberg aceptó de inmediato. Según contó el propio Ford, el director le respondió que también lo había pensado. La producción cambió el plan, el espadachín hizo su despliegue de habilidad, Indy lo miró, sacó la pistola y lo eliminó de un tiro. Fin del combate y del inicio de una leyenda.
La escena terminó funcionando porque rompió con lo esperado. El público ve al espadachín prepararse y cree que viene una pelea elaborada. Indy, en cambio, no está para más teatro. Está agotado, tiene prisa y decide irse por la salida más rápida. Cualquiera que haya tenido un mal día lo entiende, en especial, si tiene el estómago hecho un caos.