'El Exorcista' siempre ha vivido en esa frontera incómoda entre fe y escepticismo, enfermedad y posesión, explicación racional y miedo a que algo más esté mirando desde la oscuridad.
Hay películas de terror que se vuelven famosas por lo que ocurre en pantalla, y otras que arrastran una segunda película detrás de cámaras. Poltergeist, La profecía, El bebé de Rosemary y varias historias ligadas al horror han vivido durante décadas entre accidentes, supersticiones, coincidencias raras y teorías que los fans repiten una y otra vez. A veces el mito crece tanto que ya no sabes dónde termina la producción y dónde empieza la leyenda.
El Exorcista pertenece a ese club. La película de William Friedkin no solo aterrorizó al público por la posesión de Regan MacNeil, el vómito verde, la voz demoníaca y ese cuarto helado donde parecía que algo verdaderamente malo respiraba en él. También se volvió célebre por un rodaje lleno de retrasos, lesiones, muertes cercanas al equipo y un incendio real que todavía suena demasiado perfecto para una película sobre el diablo.
El incendio que detuvo la producción
Durante las primeras semanas de filmación, un incendio destruyó buena parte del set interior de la casa de las MacNeil. No era una locación cualquiera. Era el espacio donde debía construirse la vida aparentemente normal de Chris MacNeil y su hija Regan antes de que la historia se fuera al infierno, casi literalmente. La casa era la fachada de lo cotidiano: una madre, una niña, una habitación, una escalera y una rutina.
Friedkin contó años después que recibió una llamada de madrugada del gerente de producción para decirle que todo el set se había quemado. La causa nunca quedó completamente clara, aunque durante mucho tiempo circuló una explicación casi absurda: una paloma pudo haber entrado en una caja de luces o fusibles y provocar un corto.
El incendio obligó a reconstruir los sets y retrasó la filmación. En una producción normal, eso ya habría sido suficiente dolor de cabeza: dinero perdido, calendarios rotos, equipo detenido, actores esperando, estudio presionando. Pero El Exorcista no era una producción normal. Cada accidente parecía sumar una capa más a la sensación de que la película estaba jugando con algo que no debía.
El cuarto de Regan quedó intacto
Lo más inquietante fue lo que no se quemó. Según la historia retomada durante años por documentales y reportes sobre la película, el fuego arrasó con los sets de la casa MacNeil, pero dejó intacta la habitación de Regan. Justo el cuarto donde se filmarían las escenas más perturbadoras de la posesión y el lugar donde el demonio parecía tomar control de la niña.
Friedkin, que no era precisamente un director fácil de impresionar, también llegó a hablar del incidente como algo extraño. Él no construyó la película como un carnaval de sustos baratos, sino como una historia seca, casi clínica, sobre fe, enfermedad, miedo y lo inexplicable. Que el set viviera su propio episodio inexplicable terminó alimentando la misma atmósfera que la película quería provocar.
Una película rodeada de accidentes
El incendio fue sólo una parte de la mala fama del rodaje. Linda Blair terminó con problemas de espalda después de las escenas donde Regan convulsiona en la cama. Ellen Burstyn también sufrió una lesión durante una toma en la que su personaje era arrojado al suelo por la fuerza demoníaca de su hija.
También hubo muertes relacionadas con personas cercanas al elenco y al equipo, retrasos absurdos y problemas técnicos que hicieron que la producción se alargara mucho más de lo previsto. Max von Sydow tuvo que abandonar temporalmente el rodaje por la muerte de su hermano, Linda Blair perdió a su abuelo, y otros incidentes fueron sumándose a la narrativa de "película maldita" que tanto le gusta al público del terror.