"Llevaba demasiado tiempo dibujarlo": Akira Toriyama quiso que Gohan fuera el protagonista de Dragon Ball, hasta que encontró un problema
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Goku volvió al frente, Gohan quedó como promesa eterna y 'Dragon Ball' siguió siendo esa mezcla de épica, humor y decisiones inesperadas que todavía discutimos décadas después.

Akira Toriyama es recordado por muchas cosas dentro de Dragon Ball: sus diseños imposibles de olvidar, sus villanos que pasaban de amenaza a compañeros de viaje, sus bromas absurdas y la facilidad para convertir una idea sencilla en algo que terminaba marcando a millones. También tenía algo que no siempre se menciona tanto: era muy práctico.

Toriyama podía crear mundos, razas, transformaciones y combates legendarios, pero no le gustaba complicarse de más si una idea le quitaba tiempo o si le volvía pesado el trabajo. Su forma de pensar explica varias decisiones extrañas de Dragon Ball, desde cambios de tono hasta personajes que parecían destinados a algo enorme y luego se movían a otro lado. Y uno de los casos más famosos tiene que ver con Gohan.

Gohan pudo ser el nuevo protagonista de 'Dragon Ball'

Después de la saga de Cell, Akira Toriyama quiso darle un giro importante a la historia y poner a Gohan como protagonista de Dragon Ball Z. Tenía sentido: el hijo de Goku había alcanzado su momento más poderoso frente a Cell, era el guerrero que había salvado la Tierra y parecía listo para tomar el lugar central de la franquicia. Goku, incluso, había quedado fuera del tablero de una forma que abría la puerta para una nueva etapa.

La saga de Buu arrancó con esa intención. La historia saltó varios años y presentó a un Gohan adolescente, más preocupado por la preparatoria que por pelear contra amenazas intergalácticas. Ahí apareció el Gran Saiyaman, su identidad de justiciero con poses ridículas y una energía mucho más cercana a la comedia que al drama intenso de la saga anterior. Era otro tipo de Dragon Ball que probablemente no funcionaba del todo.

El problema no fue que Gohan no funcionara como personaje ni que los fans rechazaran de inmediato la idea. Según contaron los editores Kazuhiko Torishima, Yu Kondo y Fuyuto Takeda en el podcast KosoKoso, el asunto fue mucho más simple y "muy Toriyama": el autor se aburrió. Dibujar la vida escolar de Gohan implicaba escenas con mucha gente, fondos llenos de estudiantes y situaciones de instituto que le tomaban demasiado tiempo.

El Gran Saiyaman cambió el tono de la historia

La etapa del Gran Saiyaman tiene un encanto muy particular porque rompe por completo con la seriedad que venía de la saga de Cell. Después de androides, viajes en el tiempo, muertes y peleas donde el destino del planeta estaba en juego, ver a Gohan preocupado por ocultar su identidad en la escuela parecía casi una broma.

Gohan no era Goku, y eso podía haber sido una ventaja. No tenía la misma obsesión por pelear. Gohan quería estudiar, llevar una vida normal, enamorarse, hacer el ridículo con su traje de superhéroe y, si era necesario, salvar el día. Era una ruta distinta para la franquicia.

Pero Dragon Ball ya tenía una maquinaria muy bien lograda. Los torneos, los combates, las amenazas cada vez más grandes y la emoción de ver a Goku superar límites formaban parte del ADN de la serie. La preparatoria de Gohan podía ser divertida, pero no daba la misma energía visual ni narrativa. Toriyama lo notó rápido.

Goku volvió al centro de la acción

Así fue como la historia regresó poco a poco al terreno conocido. El Torneo de las Artes Marciales volvió a poner a los personajes en modo pelea, la amenaza de Majin Buu escaló el conflicto y Goku recuperó su lugar como figura central. No fue exactamente una traición a Gohan, sino una decisión práctica de ritmo, dibujo y entretenimiento. La serie volvió al lugar donde Toriyama se movía con más comodidad.

La historia de Gohan como protagonista fallido dice mucho de Akira Toriyama. No era un autor que se aferrara a una idea solo porque sonaba importante. Si algo le aburría, si le complicaba el dibujo o si sentía que la historia perdía dinamismo, cambiaba de camino. Podía ser frustrante para algunos fans, pero también era parte de su genio: Dragon Ball avanzaba con una libertad única, como si en cualquier momento pudiera girar hacia la comedia, la acción o el disparate absoluto.

facebook Tweet
Te puede interesar