Sin CGI: así se filmó la perturbadora escena de los marineros convertidos en cerdos por Circe, la hechicera más peligrosa de 'La Odisea'
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Con CGI, Circe habría podido transformar a sus víctimas de cualquier manera imaginable. Nolan eligió una opción más íntima y lenta.

Christopher Nolan lleva años convirtiendo su rechazo por lo demasiado digital en parte del espectáculo. Volcó un camión en El Caballero de la Noche, estrelló un avión real para Tenet y buscó una forma física de representar la explosión de Oppenheimer. En La Odisea, esa obsesión creció hasta abarcar barcos, cuevas, criaturas gigantes y escenarios construidos para que los actores pudieran tocarlos.

Pero una de las imágenes más incómodas de la película no ocurre en medio de una tormenta ni frente al enorme cíclope. Todo comienza cuando los marineros de Odiseo entran en la casa de Circe, aceptan su comida y descubren demasiado tarde que han caído en una trampa. La hechicera se acerca, hunde las manos en sus rostros y comienza a moldearlos como si la carne fuera barro.

La transformación que ocurrió frente a las cámaras

La escena fue realizada sin CGI. Anne Hathaway y Tom Holland revelaron que las cabezas, las mandíbulas que se estiran y buena parte de la transformación que aparece en pantalla se consiguieron con animatrónica y efectos prácticos. Incluso ellos, que estuvieron presentes durante el rodaje y participaron en algunas tomas, quedaron desconcertados cuando vieron el resultado terminado.

El equipo trabajó con un artista para desarrollar un material que Samantha Morton pudiera manipular en vivo. La actriz no simulaba que deformaba los rostros de los marineros para que una computadora completara el trabajo meses después: tenía frente a ella cabezas animatrónicas preparadas para abrir la mandíbula, alterar sus facciones y adquirir poco a poco rasgos porcinos. Las manos de Circe realmente están esculpiendo algo físico.

Samantha Morton moldeó a los marineros como una maga

En el poema de Homero, Circe utiliza una vara para convertir a los hombres de Odiseo en cerdos. La versión de Nolan cambia ese gesto por algo bastante más cercano y desagradable. Su hechicera hace la transformación con las manos, casi como una escultora que decide qué parte humana conservar y cuál reemplazar.

Samantha Morton encontró una conexión muy particular con esa forma de filmar. Mucho antes de consolidarse como actriz, trabajó durante un verano como asistente de un mago, una experiencia que terminó regresando varias décadas después en uno de los proyectos más grandes de su carrera. Para ella, la escena recupera una clase de truco cinematográfico ligada a las marionetas, el teatro físico y películas de fantasía como La historia sin fin.

'La Odisea' acercó a Nolan al cine de terror

Circe es interpretada como una mujer aislada que ha tenido que recibir a hombres violentos en su territorio. Primero los atrae con comida y hospitalidad. Después toma el control de sus cuerpos. Samantha Morton la construyó como una figura ligada a las mujeres que fueron perseguidas por conocer las plantas, la medicina o prácticas que otros no entendían, sin convertirla únicamente en una villana que disfruta hacer sufrir a desconocidos.

Su participación es breve, pero dejó una impresión fuerte durante el rodaje. Nolan recordó una toma que terminó con el equipo aplaudiendo, algo que comparó con la reacción que llegó a provocar Heath Ledger mientras filmaba El Caballero de la Noche.

El propio director reconoció que las escenas de Circe y el cíclope despertaron todavía más su interés por hacer una película de terror. Nolan considera que el género depende de provocar una reacción física en el público y de hacer que algo se sienta "en los huesos" antes. La transformación de los marineros funciona precisamente desde ese lugar: sabemos que estamos viendo prótesis, mecanismos y manos humanas, pero durante unos segundos el cuerpo parece romper sus propias reglas.

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