A veces todo empieza con terminar de leer un guion que, durante sus primeras siete páginas, no parecía gran cosa.
Brad Pitt no siempre llevó el estilo de vida que ahora asociamos con una de las estrellas más constantes de Hollywood. Mucho antes de protagonizar Se7en, convertirse en Tyler Durden en El club de la pelea y ponerse la armadura de Aquiles en Troya, atravesó una etapa más caótica. Tenía trabajo, era reconocido y ya había llamado la atención en Thelma & Louise, pero él mismo no sabía muy bien hacia dónde iba su carrera.
Desde afuera, la historia parecía avanzar sin problemas: un joven actor había llegado a Los Ángeles con poco dinero y, en pocos años, terminó compartiendo pantalla con figuras como Anthony Hopkins y Morgan Freeman. En su vida privada, Pitt se sentía inseguro, venía de varias experiencias que no lo habían dejado satisfecho y pasaba los días casi desconectado de todo. La imagen del galán disciplinado todavía estaba bastante lejos de concretarse.
Cuatro Coca-Colas y nada de comida
El actor recordó aquella etapa durante una conversación con Dax Shepard en el pódcast Armchair Expert. "Me despertaba, fumaba en una pipa, me tomaba cuatro Coca-Colas con hielo y nada de comida", contó al hablar del verano de 1994. Pitt lo describió como uno de sus momentos menos saludables: veía durante horas el juicio de O. J. Simpson y se preguntaba qué demonios debía hacer después con su vida.
Su rutina tenía algunos detalles difíciles de inventar. Vivía en la antigua casa de soltero de Errol Flynn y, junto con su novia de entonces, había comprado alrededor de 40 camaleones, por lo que el lugar terminó convertido en una especie de terrario gigante. No era precisamente la vida ordenada de una estrella que se levantaba temprano para beber un licuado verde antes de entrenar. Pitt estaba aburrido, desubicado y con pocas ganas de conectarse con lo que ocurría alrededor.
El cambio comenzó con un guion que le envió Cynthia Pett-Dante, su representante y amiga cercana. Pitt leyó las primeras páginas de Se7en y pensó que estaba frente al típico relato del policía veterano que quiere retirarse y el joven detective convencido de que puede arreglarlo todo. Ella le pidió que siguiera leyendo. Después conoció a David Fincher y quedó atrapado por la manera en que el director hablaba de cine. Ese encuentro, según el actor, le devolvió las ganas de trabajar y le recordó lo que todavía podía encontrar en una película.
'Se7en' le devolvió las ganas de hacer cine
La cinta terminó siendo uno de los puntos decisivos de su filmografía. Pitt interpretó a David Mills, un detective impulsivo que investiga una serie de asesinatos junto al personaje de Morgan Freeman, mientras Fincher construía una ciudad húmeda, oscura y sin una salida demasiado amable. El actor llegó al proyecto cargando inseguridades, aunque esa fragilidad terminó funcionando para su personaje.
Se7en no convirtió mágicamente a Pitt en otra persona de un día para otro. Él mismo ha hablado de diferentes periodos de excesos, dudas y tropiezos a lo largo de su vida, pero aquella película sí modificó su relación con el oficio. Después llegarían El club de la pelea, La gran estafa, Bastardos sin gloria y Había una vez en Hollywood, además de una carrera como productor que le permitió respaldar proyectos como Moonlight y 12 años de esclavitud.
Pitt dejó el alcohol y asistió durante un año y medio a reuniones de Alcohólicos Anónimos después de su separación de Angelina Jolie. Más adelante también abandonó los cigarros porque descubrió que reducir su consumo no le funcionaba: necesitaba dejarlos por completo. Para actor, los cambios no fueron una transformación perfecta, sino parte de un proceso que ha incluido terapia, responsabilidad y varios intentos por entender sus propias conductas.