Brad Pitt es de esos actores que parecen haber nacido con el cartel de estrella pegado en la frente, aunque su carrera haya sido bastante más rara de lo que a veces se recuerda. Antes de convertirse en el rostro de Se7en, El club de la pelea, Bastardos sin gloria o Érase una vez en Hollywood, fue el tipo que aparecía unos minutos en Thelma & Louise y dejaba a medio público preguntándose quién era ese hombre.
Con los años, Pitt aprendió a moverse entre dos lugares: el de galán absoluto de Hollywood y el de actor que busca personajes más torcidos, cansados o difíciles de leer. No siempre se ha tratado de verse bien en pantalla, aunque vaya que el cine se ha aprovechado de eso. Su carrera también está llena de hombres rotos, violentos, seductores, perdidos o atrapados en una idea muy incómoda de la masculinidad.
El único papel que Brad Pitt sintió suyo desde el inicio
El personaje fue Tristan Ludlow en Leyendas de pasión, la película de Edward Zwick estrenada en 1994. Pitt ha contado que normalmente siente que podría haber otro actor mejor para los papeles que acepta, como si siempre hubiera alguien más preparado, más preciso o más adecuado. Pero con Tristan no le pasó eso. Apenas leyó el material y supo que era suyo.
Bedford Falls Productions
La frase lo resume todo: "Sabía que yo era el mejor, lo supe en cuanto lo leí". No suena como simple arrogancia de estrella joven, aunque claro, viniendo de Brad Pitt en los noventa podría parecerlo. Lo interesante es que la seguridad venía de otro lado. Pitt sentía que conocía a Tristan por dentro, que entendía sus silencios, su rabia, sus pérdidas y esa forma de caminar por la vida como si siempre estuviera a punto de irse.
En Leyendas de pasión, Tristan es uno de los tres hijos del coronel William Ludlow, interpretado por Anthony Hopkins. La historia atraviesa amor, guerra, familia, culpa y duelo en la Montana de principios del siglo XX. Todo es enorme: los paisajes, la música de James Horner, los conflictos entre hermanos y la melancolía de western romántico donde nadie parece destinado a ser feliz por demasiado tiempo.
Tristan Ludlow, el papel que convirtió a Pitt en mito
Tristan no era un héroe limpio. Era salvaje, impulsivo, magnético y emocionalmente inaccesible. Podía amar con intensidad, pero también huir cuando el dolor se volvía demasiado grande. Ese tipo de personaje le quedaba perfecto a Pitt en ese momento de su carrera: todavía joven, envuelto en la idea del hombre imposible, pero con una oscuridad que empezaba a asomar más allá de la cara bonita.
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La película lo convirtió en una imagen mítica. El cabello largo, la mirada perdida, el caballo, la ropa de época y la tragedia que lo seguía. Podía haber sido una postal cursi, pero Pitt le dio algo más físico y menos domesticado.
También fue un papel importante porque llegó justo cuando Pitt estaba peleando contra su propia etiqueta de galán. Venía de Kalifornia y Entrevista con el vampiro, proyectos que ya mostraban su interés por personajes más incómodos. Leyendas de pasión juntó las dos cosas: el atractivo de estrella y la ambición de un actor intentando demostrar que podía cargar melodrama, violencia interna y tragedia familiar sin desaparecer bajo el peinado.