Natalie Erika James utiliza el horror corporal para abordar los trastornos alimenticios, la presión estética y la cultura de las dietas milagro.
En los últimos años, el body horror se ha convertido en uno de los géneros más comentados del cine de terror. Desde Titane hasta La sustancia, esta nueva ola ha logrado atraer a una generación de espectadores que busca algo más que simples jumpscares. En ese contexto, la cineasta australiana Natalie Erika James vuelve a demostrar que el género puede ser una herramienta perfecta para hablar de problemas sociales actuales. Con Insaciable, encuentra inspiración en los trastornos alimenticios y en la obsesión por la imagen que dominan las redes sociales y la cultura actual.
La película llega, además, en un momento en el que la conversación alrededor de hablar sobre los cuerpos ajenos, la pérdida extrema de peso, las alfombras rojas y el uso de medicamentos para adelgazar parece estar más presente que nunca. Y justamente ahí encuentra su mayor gancho: convertir una problemática que ya es trágica en una auténtica pesadilla de horror corporal.
La ciencia al servicio del horror
La historia sigue a Hana, una estudiante de primer año de medicina que vive con una severa dismorfia corporal alimentada por los discursos de influencers, la presión social y supuestos expertos en redes sociales. Después de reencontrarse con una antigua compañera de la preparatoria y sorprenderse con su radical transformación física, descubre que todo se debe a un método de adelgazamiento tan absurdo como perturbador.
Al analizar las misteriosas píldoras, Hana descubre que su ingrediente principal son cenizas humanas. Obsesionada con replicar sus resultados, comienza a incinerar restos de los cadáveres que utiliza en la facultad para fabricar su propio tratamiento.
El consumo de estas píldoras despierta la presencia de un gaki, una criatura del folclore japonés conocida como el "fantasma hambriento". A partir de ese momento, Hana comienza a sufrir alucinaciones y episodios de hambre incontrolable. Lo interesante es la contradicción que plantea la película: mientras más come, más peso pierde, entrando en un ciclo tan absurdo como perturbador.
Queda claro desde muy temprano que Insaciable no está hecha para estómagos sensibles. Sus escenas de atracones son extremadamente gráficas. Incluso recuerdan el nivel de incomodidad que provocaba La hermanastra fea.
Natalie Erika James utiliza el horror corporal para hablar del body shaming, la cultura de las dietas milagro, la presión estética y la contradicción de una sociedad que promueve hábitos poco saludables mientras exige cuerpos perfectos. En ese sentido, la película también comparte puntos con La sustancia, aunque incorpora elementos del cine de terror japonés para darle una identidad propia. Incluso resulta interesante cómo mezcla la actividad paranormal con la lógica racional de una estudiante de medicina.
El problema aparece cuando intenta desarrollar todas esas ideas al mismo tiempo. Además de la crítica a los estándares de belleza, la película introduce el duelo, la culpa, la salud mental, los traumas familiares y el horror japonés. Son ideas interesantes por separado, pero juntas terminan sin desarrollarse del todo. La presencia del fantasma parece representar el vacío emocional de Hana y la culpa que arrastra por la situación con su padre, aunque nunca termina sintiéndose como un desarrollo realmente sólido.
El apartado visual pierde fuerza al final
En el apartado técnico hay muy poco que debatir. Midori Francis sostiene prácticamente toda la película con una interpretación física y emocional bastante exigente, mientras que Natalie Erika James vuelve a demostrar el enorme talento que tiene para crear imágenes incómodas y aterradoras con el presupuesto de una producción independiente.}
La directora consigue construir una experiencia cada vez más claustrofóbica, donde el horror crece conforme somos testigos del deterioro físico de Hana. Sin embargo, cuando llegamos al último acto, la película empieza a perder fuerza.
Al querer abarcar tantos temas, el guion termina sacrificando parte de su claridad. Conforme se acerca el final, el impacto visual comienza a imponerse al desarrollo de la historia construida durante casi dos horas, haciendo que el cierre se sienta más interesado en sorprender que en una conclusión completa del viaje de Hana. Además, por momentos la película comienza a sentirse repetitiva.
Más allá del gore o de las imágenes grotescas, Insaciable funciona cuando nos obliga a preguntarnos qué tan lejos estamos realmente de la obsesión que consume a Hana. Después de todo, el verdadero horror es una sociedad que sigue normalizando estándares de belleza imposibles y discursos que convierten la búsqueda del cuerpo perfecto en una pesadilla muy real.