El cineasta mexicano llega con su cuarta producción que busca conquistar
De la mano de Carlos Santos, director de Señora Influencer y Chilangolandia, llega Loco México Mágico, una comedia que utiliza el humor absurdo para hablar de identidad, pertenencia y de la manera en que los mexicanos nos vemos a nosotros mismos.
La película sigue a Benito, interpretado por Silverio Palacios, un excéntrico alcalde de Alvarado, Veracruz, que decide realizar una producción al estilo de Hollywood para impulsar el turismo de su pueblo. Con ayuda de Juan y Pancho, dos jóvenes aficionados al cine, el proyecto comienza a crecer hasta involucrar a una estrella internacional, pero también a toda una serie de problemas que pondrán a prueba su improvisada producción.
Una película dentro de otra película
Uno de los elementos más interesantes de Loco México Mágico es precisamente su juego de cine dentro del cine. Mientras los personajes intentan realizar una película sobre México, Santos utiliza esa producción ficticia para cuestionar los clichés, estereotipos y discursos nacionalistas con los que solemos representar al país.
La historia incluso lleva estos lugares comunes al extremo para reírse de ellos. Benito, por ejemplo, podría parecer el típico político corrupto, pero su verdadera característica es una ingenuidad casi absurda: realmente cree que hacer una película de Hollywood es tan sencillo como preparar unas enchiladas.
Al mismo tiempo, los problemas de presupuesto, las condiciones precarias y la necesidad de resolver todo sobre la marcha funcionan como una mirada divertida a las dificultades de hacer cine en México. La película se burla de sus personajes, pero también muestra cierto cariño por quienes intentan contar historias aun sin tener todas las herramientas para hacerlo. En ese sentido, el debut actoral de Daniel Sosa resulta convincente y aporta cercanía a una historia que constantemente apuesta por la exageración y el caos.
'Loco México Mágico': esto sabemos de la nueva comedia del director de 'Sra. Influencer'Reírnos de cómo vemos a México
La sátira también aborda el tema del nacionalismo. Dentro de la película que los personajes intentan producir, el orgullo por México y la idea de “chingarse a los gringos” se convierten en el motor de una historia que transforma al extranjero en villano y a la identidad nacional en una herramienta de propaganda.
Aunque no todas sus ideas tienen el mismo desarrollo y la película no consigue escapar por completo de algunos de los clichés que cuestiona, Loco México Mágico encuentra su mayor fortaleza en su intención. Carlos Santos vuelve a utilizar la comedia para preguntarnos cómo vemos a México, cómo queremos que los demás lo vean y qué tanto de esa imagen termina siendo una versión exagerada de nosotros mismos.
Quizá no sea una película que reinvente la comedia mexicana, pero sí entiende que, para hablar de nuestros propios estereotipos, a veces la mejor opción es reírse de ellos. Loco México Mágico demuestra que tiene el corazón en el lugar correcto y que cuestionar lo que ya conocemos también puede ser una forma de hacerlo evolucionar. Porque, al final, seguir contando nuestras historias desde nuevas perspectivas es también una manera de mantener vivo al cine mexicano.