Son dos horas y media de Ridley Scott, Denzel Washington y Russell Crowe en pleno auge, para quien disfruta los thrillers criminales a fuego lento.
Denzel Washington tiene una de esas filmografías donde elegir un solo thriller favorito se vuelve complicado. Día de entrenamiento le dio su segundo Oscar con uno de los policías corruptos más memorables del cine, Hombre en llamas lo convirtió en un guardaespaldas consumido por la venganza y El plan perfecto demostró que podía pasar buena parte de una película hablando con un ladrón sin perder la tensión. Incluso cuando interpreta a tipos bastante cuestionables, cuesta dejar de verlo.
Pero hubo una película en la que decidió cruzar completamente al otro lado de la ley. Ridley Scott lo puso al frente de una historia criminal basada en hechos reales, rodeado de un reparto enorme y frente a Russell Crowe. Casi dos décadas después, sigue apareciendo entre los trabajos más celebrados de Washington y mantiene una calificación de 4.4 sobre 5 entre los usuarios de AdoroCinema.
Denzel Washington se convirtió en un poderoso narcotraficante de Harlem
La película es Gánster americano, estrenada en 2007 y actualmente disponible a través de Prime Video. Washington interpreta a Frank Lucas, un hombre que durante años trabajó como chofer y hombre de confianza del mafioso Ellsworth "Bumpy" Johnson antes de construir su propio imperio criminal en el Harlem de los años 70.
Después de la muerte de su jefe, Lucas entiende que no necesita hacer demasiado ruido para quedarse con el negocio. Su método consiste en controlar personalmente la distribución de heroína, eliminar intermediarios y vender un producto de mayor pureza a un precio más bajo. Mientras otros criminales disfrutan exhibiendo su dinero, él intenta mantener una imagen discreta y familiar, aunque esa fachada dura cada vez menos.
Del otro lado está Richie Roberts, detective interpretado por Crowe que comienza a investigar el origen de aquella nueva droga que está inundando Nueva York. La película pasa buena parte alternando entre ambos personajes sin apresurar su encuentro. Scott los muestra como dos hombres obsesivos, metódicos y bastante solos que trabajan desde lados opuestos de la misma ciudad.
La historia nació de un artículo sobre el verdadero Frank Lucas
Gánster americano partió del artículo "The Return of Superfly", escrito por Mark Jacobson para New York Magazine en 2000. Ahí se reconstruía la vida de Frank Lucas, quien aseguró haber construido una red para introducir heroína desde el sudeste asiático durante la guerra de Vietnam. Universal compró los derechos y comenzó un desarrollo que terminó siendo bastante más complicado de lo esperado.
Antes de Ridley Scott hubo otro director. Antoine Fuqua estaba listo para hacer la película con Washington y Benicio del Toro, pero Universal canceló aquella versión semanas antes del rodaje debido a problemas presupuestarios y diferencias creativas. El proyecto pasó por distintas manos hasta que Scott lo rescató y Russell Crowe terminó ocupando el papel de Roberts.
Washington tampoco quiso copiar simplemente al Lucas real. Se reunió con él y grabó varias conversaciones para entender su personalidad, pero explicó que le interesaba especialmente encontrar su encanto y la manera tranquila en la que podía controlar una habitación.
Costó 100 millones y terminó recaudando casi 270
La apuesta tampoco era pequeña. Gánster americano tuvo un presupuesto aproximado de 100 millones de dólares y terminó recaudando cerca de 270 millones en todo el mundo. No se convirtió en una franquicia ni lo necesitaba: era uno de esos dramas criminales adultos que todavía podían mover cifras enormes en las salas durante los 2000.
La crítica también respondió bien. Rotten Tomatoes mantiene a la película con 81 por ciento de aprobación crítica, mientras que varias retrospectivas siguen colocándola entre los trabajos destacados de Washington. No es exactamente una película rápida: Scott se toma su tiempo para mostrar cómo Lucas levanta su negocio y cómo Roberts va cerrando el cerco alrededor de él.
Casi 20 años después, la calma sigue funcionando a su favor. Denzel Washington no necesita convertir a Frank Lucas en un villano gigantesco ni levantar la voz cada cinco minutos para dominar la película. Le basta un traje, una mirada y la sensación de que ya calculó lo que hará antes que todos los demás.