Si lees libros de autoayuda aprenderás cosas teóricas: si ves una buena película las enseñanzas se quedarán contigo para siempre

La psicología lleva años estudiando la capacidad del cine para ayudarnos a entender problemas propios a través de historias ajenas.

Por Sergio Negrete

Todos hemos salido alguna vez de una película pensando en una escena durante días. Puede ser Robin Williams diciendo a sus alumnos que aprovechen el momento en La sociedad de los poetas muertos, un personaje tomando como Jack de Titanic una decisión que nosotros nunca nos atreveríamos a tomar o simplemente una historia que aparece justo cuando estamos atravesando algo parecido.

Los libros de desarrollo personal pueden poner conceptos y estrategias sobre la mesa, pero el cine los convierte en personas, conflictos y consecuencias que vemos desarrollarse frente a nosotros. David J. Bredehoft, profesor emérito de psicología de Concordia University, explica en Psychology Today, que las películas pueden servir para encontrar nuevas formas de mirar nuestros problemas, reconocer fortalezas e incluso entender mejor la dinámica de nuestra propia familia.

Existe algo llamado cinematerapia y los psicólogos llevan años utilizándolo

La idea tiene nombre: cinematerapia. Consiste en utilizar películas como parte de un proceso de reflexión o incluso dentro de determinadas intervenciones psicológicas. Un terapeuta puede recomendar una cinta relacionada con lo que atraviesa una persona y después trabajar con las emociones, personajes o situaciones con las que se identificó.

Bredehoft recupera el trabajo de los psicólogos John y Jan Hesley, autores de Rent Two Films and Let's Talk in the Morning, quienes encontraron varias aplicaciones del cine en su práctica. Entre ellas aparecen ofrecer esperanza, ayudar a replantear un problema, presentar modelos de comportamiento, reforzar fortalezas personales y facilitar la comunicación. La películas son como un terreno intermedio, donde hablar de un personaje a veces resulta más sencillo que comenzar hablando directamente de uno mismo.

La investigadora Jenny Hamilton, de la Universidad de Lincoln, señala algo parecido en un trabajo sobre terapia mediante películas. Entre los beneficios observados en distintos estudios aparecen el procesamiento emocional, una mayor facilidad para dialogar, el desarrollo de empatía, el aprendizaje interpersonal y la posibilidad de descubrir perspectivas diferentes. La imagen, la música y una historia hacen que una idea pueda sentirse además de entenderse.

Una buena película te permite observar el problema desde afuera

Una de las grandes ventajas del cine es que podemos reconocer algo de nosotros en un personaje sin encontrarnos exactamente dentro de su situación. Esa pequeña distancia permite observar una pelea familiar, una ruptura, una pérdida o un miedo desde otro lugar y preguntarnos qué haríamos nosotros.

Bredehoft utilizaba películas completas en una clase llamada Psychology and Family on Video. Después de las proyecciones, sus alumnos discutían temas como crianza, adolescencia, conflictos familiares, salud mental y los papeles que distintas personas adoptan dentro de una familia. Para él, mirar una historia y después conversar sobre ella podía convertir conceptos psicológicos bastante abstractos en experiencias mucho más reconocibles.

Pone como ejemplo La sociedad de los poetas muertos. La película de Peter Weir permite hablar del conflicto entre las expectativas de los padres y los deseos de sus hijos, de la presión por cumplir con determinado futuro y de cuánto espacio recibe un adolescente para construir su propia identidad. El concepto puede explicarse en varias páginas, pero ver a Neil enfrentándose a su padre hace que esas preguntas lleguen a una situación concreta.

Las películas pueden dejar huella, aunque tampoco son una terapia mágica

El psicólogo Ryan Niemiec describe las buenas películas como experiencias que pueden ser agradables, absorbentes y capaces de impulsar nuevas ideas. Su trabajo sobre fortalezas personales y cinematerapia plantea que una historia puede llevar al espectador a pensar de otra manera sobre sí mismo, sobre otras personas o incluso sobre la condición humana.

Eso tampoco significa que ver En busca de la felicidad sustituya una terapia o que cualquier enseñanza vista en pantalla vaya a quedarse literalmente "para siempre". La investigación sobre cinematerapia sigue creciendo y Hamilton advierte que todavía hacen falta más estudios sobre sus resultados. Lo que sí aparece una y otra vez es su capacidad para abrir conversaciones, despertar emociones y volver mucho más cercanas ideas que sobre el papel pueden parecer lejanas.

Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'
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