Crítica 'Mary y Max': Una joya de la animación sobre la belleza de encontrar una amistad en un mundo donde nunca has encajado

La obra maestra del cineasta australiano, Adam Elliot, llegó por primera vez a cines de México este 24 de septiembre tras haber debutado hace 17 años.

Por Carolina Cantoral

Hay joyas ocultas en el cine que tardan demasiado en ser descubiertas pero que al hacerlo, vale completamente la pena y con Mary y Max puedo decir que fue el caso. Como fanática de la animación, siempre he valorado el arduo trabajo que existe detrás de una producción stop-motion, esto al tratarse de una técnica sumamente minuciosa, detallada y completamente artesanal.

Bajo esta línea se encuentra Mary y Max, una película de animación realizada en 2009 y que 17 años después de su lanzamiento en Australia llega por primera vez a los cines de México. Su director Adam Elliot, ha fungido como un cineasta independiente que quedó fascinado por el recibimiento de Memorias de un Caracol en tierras mexicanas tras su estreno en 2024. Gracias al cariño que ha recibido su cine en el país, Elliot por fin nos deleita con una de las obras de stop-motion más hermosas de la animación con una historia que retrata con crudeza y ternura, la belleza que existe detrás de una verdadera amistad.

'Mary y Max': una amistad que nace por correspondencia

Mary y Max sigue la historia de dos personas aparentemente diferentes que de la manera más improbable terminan cruzando sus caminos: por un lado está Mary, una niña solitaria e insegura de 8 años que vive en un humilde vecindario en Australia. Su entorno es complicado, tiene una madre alcohólica y un padre indiferente. Por el otro lado está Max, un hombre en sus cuarentas con síndrome de Asperger que vive en Nueva York y sumamente solitario.

Todo cambia en sus vidas cuando de manera inesperada comienzan una amistad por correspondencia y donde a pesar de que viven en entornos completamente alejados, descubren que en realidad comparten muchas cosas en común, por lo que ambos terminan forjando un fuerte vínculo a través de las letras y que será mucho más profundo de lo que imaginaban.

Una historia dolorosamente hermosa y humana

Es preciso aclarar que no por tratarse de un filme animado precisamente veremos una historia infantil –una idea que tuve previamente antes de conocer el trabajo de Adam Elliot– todo lo contrario, pues Mary y Max se adentra por completo en temas sumamente crudos, dolorosos e incluso incomodos para los propios adultos como la soledad, la depresión, las adicciones, el suicidio y la salud mental.

Es por eso que me parece completamente acertado haber elegido el stop-motion como el formato para llevar esta desgarradora historia a la pantalla, ya que se vuelve el balance perfecto entre una trama que te apachurra el corazón, mediante una animación cautivadora que aliviana el fuerte impacto de la historia Mary y Max.

Y es que a pesar de que la cinta fue lanzada hace casi 20 años, toca temas que se sienten completamente actuales y humanos, razón por la que Mary y Max se ha convertido en una película universal y atemporal, pues es sumamente humana y vulnerable.

Adam Elliot entrega una carta de amor a la amistad

Aunque la cinta de Elliot toca temas bastante crudos, dentro de la oscuridad del entorno que rodea a los personajes, la amistad que crean se vuelve la luz y el eje central de esta historia. La cinta se toma el tiempo necesario de construir el vínculo entre Mary y Max, como un recordatorio de que incluso estando en un mundo cruel que parece no entendernos, la amistad llega como un regalo que puede transformarse en algo extraordinario.

Incluso al inicio, podríamos pensar que parece imposible que pueda nacer una amistad entre una niña y un hombre adulto, sin embargo, mientras más conocemos a Max entendemos a profundidad no solo su trastorno y sus respectivos retos, sino la inocencia con la que ve el mundo y lo mucho que realmente desea y merece tener una amistad.

Dentro de mi experiencia en el cine, han sido pocas las películas que al llegar los créditos finales me dejan simplemente anonadada y en un estado donde necesito procesar lo que acabo de ver. Mary y Max fue mi caso, pues además de que es una película que tiene toda la intención de romperte el corazón, son de esas historias que te dejan pensando por horas (o por días).

Capturar la rareza desde la empatía pura hace que la propuesta de Adam sea sencillamente brillante. Es por eso que Mary y Max llega a cines en una época en la que es necesario tener este tipo de historias: más humanas, más sensibles y más realistas.

Adam Elliot entrega con esta cinta una carta de amor bellísima a la amistad y a las conexiones humanas, con dos personajes que nos recuerda la belleza de encontrar una conexión genuina dentro de un mundo donde nunca te has sentido entendido.

Carolina Cantoral
-Redactora
Comunicóloga fanática de las comedias románticas, de las películas de Christopher Nolan y de cualquier película donde salga Timothée Chalamet. Siempre lloro cada que veo “Titanic” y siempre me río con los mismos capítulos de “The Office”.
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