'Vértigo 2: Punto Muerto' estrenó en cines de México el pasado 24 de septiembre con una aventura no apta para quienes temen a las alturas.
Fue hace cuatro años que estrenó Fall o en su título en español Vértigo, con una propuesta simple pero sumamente efectiva: las alturas como un escenario mortal. A través de este thriller, Scott Mann entregó una película de supervivencia que cumplió con su propósito, elevar los nervios al máximo, ponernos al filo del asiento y estresar incluso a quienes dicen no temer a las alturas.
Ahora este año llegó Vértigo 2: Punto muerto, una secuela directa de la historia que conocimos en 2022 y que retoma el concepto de la primera entrega con nuevos personajes y un nuevo escenario de supervivencia: una colosal montaña rocosa.
'Vértigo 2': un nuevo reto mortal en las alturas
Como recordaremos en la primera entrega, (alerta de spoiler), la historia concluye con la trágica muerte de Hunter y la supervivencia de Becky tras haber quedado varadas en la cima de una torre de radio de más de 600 metros de altura. En Vértigo 2, ahora seguimos a Jax, la hermana de Hunter quien atraviesa el duelo de su pérdida.
Ante un escenario en que Jax se encuentra vulnerable, llega Luce, una chica que se presenta como amiga de su hermana y que la convence de honrar el legado de Hunter cumpliendo uno de sus deseos que no logró cumplir antes de morir: viajar al monte Kwan en Tailandia y caminar sobre un peligroso sendero ilegal a más de 8500 metros de altura, en una aventura que desde un inicio sabemos terminará en tragedia.
Una secuela que tropieza narrativa y visualmente
Como cualquier película de supervivencia la cinta cuenta con elementos primordiales: un escenario extremo, las condiciones necesarias para que todo salga mal, un personaje que siempre toma decisiones ilógicas e incoherentes y una protagonista que no sufre prácticamente ni un rasguño. Si bien la primera entrega no es perfecta, la realidad es que su secuela queda muy por debajo del impacto que dejó Vértigo en 2022.
Con Vértigo 2 es evidente el cambio de director, pues Scott Mann, quien dirigió la primera película, en esta nueva entrega solo fungió como guionista y en su lugar la dirección quedó en manos de Peter Spierig y Michael Spierig. Y es que al tratarse de una cinta en la que el recurso más valioso es llevar el miedo al vacío al máximo, este elemento no se aprovecha en su totalidad, a diferencia de la primera entrega, que aprovechó por completo la imponente altura, ofreciendo una sensación constante de completa vulnerabilidad y terror absoluto.
Eso sí, no negaré que hubo dos escenas en específico en donde la tensión es llevada al límite y me hizo estar al filo del asiento y sudando frío tal como su predecesora, sin embargo, para ser un cinta donde la supervivencia y la altura es el elemento principal, queda a deber, ya que la mayoría de la cinta es bastante predecible y con conflictos muy poco creíbles. Incluso, las decisiones de las protagonistas llegan a ser tan absurdas y poco coherentes que cuesta conectar con el hecho de que su vida está en peligro, además de que en su aventura de supervivencia, la dupla la pasa bastante bien como para estar varadas en medio de la nada en una tabla de madera con un vacío imponente bajo sus pies.
Llegar a la pantalla grande como una continuación implica un reto mayúsculo, y es ahí donde Vértigo 2 tropieza. Al tratarse de un concepto que la audiencia ya conoce, el factor sorpresa queda a deber. La cinta no logra ofrecer giros lo suficientemente potentes, dejando una sensación de fórmula repetida que resta fuerza y no logra el impacto que ameritaba.
Entretenimiento seguro y efectivo
Aunque Vértigo 2 prefiere ir sobre lo seguro y mantenerse en su zona de confort sin arriesgarse a revolucionar la franquicia ni superar a su antecesora, la película funciona muy bien como entretenimiento puro.
Su ritmo constante logra enganchar al espectador de principio a fin, hacernos pasar por varios momentos de estrés y desconectarnos durante casi dos horas con una trama de tensión absoluta y suspenso continuo que no permiten despegar la mirada de la pantalla.