Una cinta de Emilio "El Indio" Fernández provocó algo inesperado a miles de kilómetros de México. Francisco Ohem recupera esa historia en 'Los mariachis perdidos', su ópera prima documental que llega al Festival Internacional de Cine de Morelia.
Hay imágenes de México que uno espera encontrar en Jalisco, no necesariamente en Serbia, Croacia o Bosnia. Sombreros de charro, rancheras sobre amores imposibles y músicos cantando con una intensidad que parece sacada directamente de una cantina mexicana. Pero durante las décadas de 1950 y 1960 ocurrió precisamente eso en la entonces Yugoslavia.
Francisco Ohem conoció aquel mundo hace aproximadamente 20 años, navegando por internet. Un día encontró la grabación de un cantante yugoslavo vestido de charro y escuchó algo que reconoció inmediatamente: aquello sonaba a México, aunque estuviera cantado en un idioma que no entendía. Esa pequeña rareza terminó convirtiéndose décadas después en Los mariachis perdidos, documental seleccionado en la competencia de Documental Mexicano del 24º Festival Internacional de Cine de Morelia.
Una película de 'El Indio' Fernández inició todo
Detrás de aquel fenómeno estaba Un día de vida, melodrama de 1950 dirigido por Emilio "El Indio" Fernández y protagonizado por Columba Domínguez y Roberto Cañedo. En México tuvo una recepción discreta y terminó convertida en una obra menor dentro de la enorme filmografía del director. En Yugoslavia ocurrió exactamente lo contrario.
La cinta llegó al país balcánico en 1952 y conectó con una población que todavía cargaba las heridas de la Segunda Guerra Mundial. La historia de un militar condenado a muerte durante la Revolución Mexicana encontró ecos inesperados entre espectadores que reconocieron en aquellas pérdidas algo de su propia historia. Llegó a proyectarse durante años y distintas investigaciones la señalan como uno de los mayores fenómenos cinematográficos de aquel país
Después vino la música. Jóvenes yugoslavos comenzaron a formar grupos que imitaban la estética mexicana, interpretaban rancheras en serbocroata y mezclaban aquello con elementos musicales locales. Así nació lo que años después sería conocido como Yu-Mex, un género que terminó produciendo cientos de intérpretes y construyendo un México completamente imaginado por personas que, en muchos casos, jamás pusieron un pie aquí.
Para Ohem, descubrir que todo podía rastrearse hasta una película fue decisivo. En entrevista con Sensacine México, explicó que aquella historia llegó en un momento en el que sentía lo complicado que podía ser para el cine independiente encontrar público. De pronto tenía frente a él el ejemplo contrario: "una película puede causar eso". Una cinta olvidada en su propio país había encontrado otro lugar donde convertirse en tesoro
Francisco Ohem viajó buscando los últimos rastros del Yu-Mex
Los mariachis perdidos terminó tomando la forma de una road movie. Ohem viajó por Croacia, Bosnia y Serbia para conocer a algunos de los últimos intérpretes de aquella generación, al mismo tiempo que regresaba a Guadalajara y Tecalitlán para observar desde México ese extraño espejo cultural. El documental combina testimonios, material de archivo y el rastro dejado por Un día de vida.
Su plan original era otro. Imaginaba reunir a aquellos músicos, llevarlos finalmente a México y hacer una especie de encuentro al estilo de Buena Vista Social Club. El tiempo terminó imponiéndose: algunos eran demasiado mayores para viajar y varios incluso murieron durante los años que tomó completar la película. La desaparición de Yugoslavia también había dejado heridas y una nostalgia mucho más complejas de lo que Ohem esperaba encontrar.
Eso modificó por completo la cinta. El director asegura que llegó con años de investigación, pero el viaje le mostró otra película: "la realidad te tiene que hacer humilde como realizador". En lugar de limitarse a explicar una curiosidad musical, terminó encontrando una historia sobre personas que perdieron su país y que alguna vez habían utilizado una versión imaginada de México para expresarse.
'Los mariachis perdidos' también hizo que su director reencontrara el cine
El título terminó adquiriendo un significado mucho más personal. Ohem contó a SensaCine México que comenzó el proyecto durante una etapa de desencanto con las dificultades de hacer cine y encontrar espacios para mostrarlo. La búsqueda del Yu-Mex terminó reconectándolo con una cinefilia que venía desde la infancia, cuando acompañaba a su padre a la Filmoteca de la UNAM y creció rodeado de películas y archivos
También cambió su relación con el mariachi y con su propia idea de México. El documental no busca un orgullo nacionalista fácil, sino preguntarse quién decide qué significa realmente "lo mexicano". Aquellos músicos balcánicos nunca necesitaron haber nacido aquí para encontrar algo profundamente suyo dentro de las canciones que México exportó sin saber hasta dónde llegarían.