Durante años, los fans de Dragon Ball han intentado encontrar una explicación profunda, casi mística, a la desaparición de las colas Saiyajin. Entre teorías sobre evolución, celulas S, control del poder y madurez, los seguidores de Akira Toriyama encontraron detalles que sonaban lógico dentro del universo de la serie.
Pero si algo caracteriza a Dragon Ball es que siempre mezcla fantasía con decisiones muy terrenales. Y en el tema de las colas, la realidad es mucho menos compleja y más lógica de lo que muchos podrían pensar. Ese rasgo que permitía la transformación en Oozaru y distinguía a los Saiyajin del resto, terminó yéndose por una simple razón.
La verdad detrás del "misterio"
En más de alguna ocasión, Akira Toriyama admitió que mantener las colas era un fastidio constante. Dibujarlas una y otra vez, darles color en cada viñeta y decidir cómo demonios encajaban con la ropa se volvió una molestia innecesaria.
Toei Animation
Toriyama explicó que lo que más lo sacaba de quicio era la lógica cotidiana, haciéndose preguntas sobre si los pantalones tenían agujero o si cola iba por dentro o por fuera. Pensar en todos los detalles prácticos terminó por agotarlo. Su solución fue optar por la practicidad y erradicarlas del mapa. Y así nació la "regla" de que las colas podían cortarse y no volver.
Menos cola, menos problemas
La decisión no fue un descuido ni un olvido, como muchos han creído durante décadas. Fue una elección consciente para simplificar su trabajo. Al eliminar las colas, Toriyama se libró de un elemento incómodo de dibujar y, de paso, de la transformación en mono gigante, que complicaba aún más las escenas de acción.
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Y más adelante, la simplificación fue total: los Saiyajin híbridos como Goten y Trunks ya nacieron sin cola. Sin dar explicaciones largas, un día nació la nueva generación de guerreros con ADN del planeta Vegeta y llegaron al mundo sin este peculiar detalle.
El mito contra la realidad
Con el tiempo, los fans construyeron un mito alrededor de la desaparición de las colas. Que si simbolizaban el lado salvaje o que si eran innecesarias tras dominar el poder. Todo eso sonaba bien en papel pero no fue cómo Toriyama lo concibió.
La realidad es mucho más humana: el creador se cansó de dibujarlas. Curiosamente, esa honestidad brutal es muy de Toriyama. Dragon Ball nunca ha pretendido ser una obra rígida de ciencia ficción dura. Siempre ha sido flexible, impulsiva y práctica. Y en el caso de las colas, si estorbaban, se quitaba y ya.