Seamos honestos: encontrar algo realmente bueno en Netflix a veces se siente como buscar una aguja en un pajar. Hay estrenos cada semana, listas que cambian y recomendaciones que prometen mucho y a veces entregan poco. Por eso, cuando aparece una miniserie que atrapa desde el primer episodio y no te suelta hasta el final, se siente casi como un milagro.
No es una de esas historias que dependen de explosiones, giros exagerados o cliffhangers baratos. Aquí el gancho es otro: personajes rotos, silencios incómodos y una tensión que crece lento, pero constante. De esa que te hace decir que solo verás un episodio más hasta que, sin darte cuenta, ya es de noche. Si te gustan los thrillers psicológicos con atmósfera oscura y protagonistas al borde del colapso, esta es de esas series que se devoran en un solo día.
Un duelo que se transforma en obsesión
La miniserie es La bestia en mí y todo gira alrededor de Aggie Wiggs, una escritora reconocida que atraviesa el peor momento de su vida. Tras la muerte trágica de su hijo, Aggie decide aislarse por completo. Se aleja del mundo, de la gente y de su propia escritura.
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El dolor no solo la consume emocionalmente, también la bloquea creativamente. Las palabras ya no salen. Las ideas desaparecieron. Y lo que antes le daba sentido a su vida ahora es solo un recordatorio constante de la pérdida.
El vecino que nadie termina de entender
La tranquilidad se altera cuando Nine Jarvis, un poderoso empresario inmobiliario, se muda a la casa de al lado. A simple vista, parece solo otro hombre rico con una vida en orden. Pero hay un detalle imposible de ignorar: tiempo atrás fue señalado como sospechoso en la desaparición de su esposa.
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Nunca se le pudo probar nada. No hubo evidencia suficiente. Y legalmente, Nine es un hombre libre. Para Aggie, esa información funciona como una chispa. Al principio es simple curiosidad. Luego, una inquietud constante. Y finalmente, una obsesión.
Cuando investigar se vuelve peligroso
Aggie decide indagar en el pasado de Nine. Lo que comienza como una investigación casi periodística pronto se convierte en algo mucho más personal. Ella empieza a acercarse a él, a observarlo, a escucharlo. Y, sin darse cuenta, lo convierte en el eje de su próximo libro.
El problema es que la línea entre investigación, fascinación y locura empieza a desdibujarse. Nine no parece violento ni actúa como un monstruo. Es educado, carismático, incluso vulnerable. Y eso es lo que vuelve todo más inquietante. Porque Aggie ya no sabe si está frente a un criminal brillante o frente a un hombre incomprendido. Y tampoco tiene claro si su interés nace del deseo de descubrir la verdad o de llenar el vacío que dejó su hijo.
La bestia en mí no te da respuestas fáciles. Cada episodio suma piezas, pero también introduce nuevas dudas. Lo que crees entender cambia constantemente. La serie se alimenta de la ambigüedad y del punto de vista de una protagonista emocionalmente fracturada.