Dentro y fuera del mundo del entretenimiento, los nombres de Tim Burton y Guillermo del Toro nos transmiten sensaciones entrañables, nostálgicas y bonitas, que a su vez se fusionan con una mezcla de incomodidad, miedo y horror, debido a que muchas de sus películas se centran en el dolor, la desesperación, la obsesión y el miedo. Estas emociones también suelen ser profundamente sentidas por sus protagonistas, quienes para hacernos entender cómo es que funciona el dolor, para qué nos sirve en nuestras vidas, y cómo luego de experimentarlo podemos encontrarnos a nosotros mismos, nos comparten sus historias.
Aunque para ambos artistas el dolor provino de sentirse excluidos, ser diferentes, finalmente aceptar serlo, celebrarlo, intentar abrirse paso con su talento, posteriormente sentirse juzgados por ese mismo talento, y luego ser rechazos en múltiples ocasiones; al final del día fue a través de ese dolor -y su obligada soledad- que encontraron la senda hacia películas que han triunfado durante décadas en el cine, por invitarnos a pensar en la belleza y complejidad de toda esta sensación, que como en El joven manos de tijera, El laberinto del fauno, Frankenstein, Hellboy, Frankenweenie, La forma del agua e incluso Batman, nos llevan a confrontarnos con nosotros mismos, definir nuestros valores, y actuar con ellos para tomar decisiones que cambien nuestro destino.
Además, en estas historias no solo se retoman aspectos lúgubres, góticos y aterradores del lenguaje cinematográfico, sino que también se nos conduce a experimentar y reflexionar sobre la melancolía, la soledad y el aislamiento, en donde suele encontrarse un basto espacio para la creatividad.
Pese a que en diversos momentos de su vidas Tim Burton y Guillermo del Toro fueron sumamente extraños y criticados, ahora los dos se han ganado el cariño, respeto y admiración del público, porque tomaron las riendas del artista para explorar las sensaciones más incómodas de sus vidas, y enseñarnos que el miedo, el sufrimiento, la discriminación, la confusión, el rechazo, el abandono y el exilio, son solo las otras caras de una moneda en constante giro, y en donde también habitan la alegría, la bondad, la redención y el amor.
Tim Burton: de ser un marginado y señalado como un "inadaptado social", a transformar el mundo del cine
En el caso de Tim Burton, el dolor y la sensación de no pertenecer fueron el territorio fértil donde el director pudo cosechar su habilidad -y creatividad- para contar historias, ya que tras una infancia profundamente dolorosa y extraña en Burbank, California, vivió cosas que lo marcaron para siempre y lo llevaron a refugiarse en su mente.
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Aparte de que él mismo ha llegado a describir este lugar como un desierto emocional, desde su infancia vivió un aislamiento casi impuesto por sus padres, quienes tomaron la decisión de tapar las ventanas de su habitación, dejando apenas una rendija hacia el exterior que, a su vez, permitía la entra de la luz del Sol.
Esto marcó al director, quien aunque nunca ha expuesto explícitamente lo que vivió allí, en diferentes ocasiones ha referido situaciones que nos hacen pensar, compartir y entender, que ciertamente hay veces en las que estar en casa es más una sensación de peligro que de confort.
Warner Bros Pictures
Sin saber nunca los motivos certeros de la decisión de sus padres, el encierro físico empujó a Burton desde muy niño a repetir e imaginar historias, hacer dibujos e inventar otra realidad, para así poder hacerle frente al horror, en donde los monstruos del cine clásico -y una imaginación repleta de creatividad y confusión-, finalmente lo llevaron a encontrar consuelo y compasión en los mismos monstruos que lo veían a él.
Incluso de niño, viviendo en el Valle, no estaba en sintonía con mi entorno. Tenia un problema al estilo Edgar Allan Poe, porque tenía una habitación con dos ventanas normales. Por alguna razón, mis padres la tapiaron, ¡así que tenía que subirme a unos muebles para mirar hacia afuera!... Ellos mencionaron que así se aislaba la habitación del calor, pero yo dije: "aquí hace un calor desértico todos los días, ¿qué clase de calor quieren aislar?". No me pareció una buena excusa...
...llegó a contar a Inquierer.
En la escuela, esa sensación de extrañeza se intensificó porque Tim Burton no encajaba en los deportes ni en las dinámicas sociales del suburbio estadounidense. Además, su manera de expresarse -a través de dibujos oscuros y perturbadores- fue interpretada por muchos adultos como una señal de alerta en lugar de un talento, y siendo un niño introvertido y solitario, sus profesores incluso pensaron que era sordomudo.
Aunque al crecer pudo pulir su sensibilidad -y enfocarse de lleno en las artes visuales-, la sensación de rechazo e inseguridades que esto sembró en su vida no dejaron de perseguirlo. En contraste, su talento lo llevó a formar parte de las filas de Disney, y al ganar una beca para CalArts -que es la prestigiosa escuela de artes visuales y escénicas, fundada por Walt Disney a principios de los sesenta-, las cosas parecieron cambiar pero solo en apariencia porque aunque diseñaba personajes llenos de potencial -y tenía una grandiosa técnica de animación-, la química entre el futuro director y el estudio no lograba realizarse y así Burton siguió recibiendo el rechazo de su entorno, los calificativos despectivos de siempre, y comentarios sobre que su trabajo, sus ideas y sus obras eran creaciones demasiado extrañas o siniestras -como si con eso no se estuviera haciendo trizas una gran parte de él-. Y es que dentro de una maquinaria que tenía una línea ya establecida (y multi millonaria), Burton era visto como un disruptivo involuntario.
Prime Video
Pero por fortuna, aunque pudieron despedirlo de inmediato, el director se sintió agradecido de que simplemente lo fueran relegando y que le permitieran hacer cualquier tipo de dibujo o cosas diferentes, hasta que finalmente quedó fuera de la compañía.
El cine al rescate: cómo el séptimo arte se convirtió en el mejor aliado de Tim Burton
Para ese entonces, Tim Burton ya había creado el cortometraje que más tarde se convertiría en Frankenweenie y Vincent, pero como Disney no los vio con agrado, no fue sino hasta que el actor Paul Reubens, mejor conocido como Pee Wee Herman, le dio la oportunidad de dirigir La gran aventura de Pee Wee, que el director pudo demostrar sus capacidades.
Por su parte, Tim Burton descubrió que el cine se convirtió en un refugio maravilloso -y al cual sí podía pertenecer-, ya que al tomar una cámara su perspectiva se transformó, y un nuevo panorama se abrió ante sus ojos. El resto fue historia.
Warner Bros. Pictures
Pese a que nadie en el mundo parecía comprenderlo, tras filmar historias como El joven manos de tijera -en donde también volcó una gran cantidad de referencias de su vida personal para la trama-, el éxito de la cinta le demostró al cineasta que, sorpresivamente otros como él habían escuchado y visto en la vida de Edward (Johnny Depp), los ecos y las voces de los años en que habían sido relegados. Por lo tanto que querían saber más de él, de su inventor, de Beetlejuice, el superfantasma, y así, tras años de obstáculos, rechazos por sencillamente no poder pertenecer, Tim Burton y todos nosotros nos dimos cuenta que en las historias que desde niño creó el joven Tim, no solo había innovación y talento para la literatura y las artes visuales, sino los primeros bosquejos de un nuevo mundo.
En este, muchos otros espectadores -y niños creativos de todas las edades, pero aún con muchísima inseguridad-, suelen encontrar una casa, una familia y muchos amigos con los que formar su propio universo, y un lugar al que llamar hogar.
La vida de Guillermo del Toro y sus monstruos
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En contraparte, Guillermo del Toro vivió una especie de aislamiento similar pero distinto, ya que este fue más del tipo mental que social. Cuando era niño vivió atormentado por las historias de terror que veía en la televisión, y a las que luego su propia imaginación les daba seguimiento, por lo que el problema empeoraba cuando la noche caía y las luces se apagaban, llevándolo a enfrentarse solo con sus miedos en la oscuridad.
Sin saberlo, esas mismas batallas lo condujeron a desarrollar una grandiosa capacidad cinematográfica -que hoy lo tiene compitiendo por otro Oscar-, pese a que en su momento se manifestara apenas en forma de pesadillas y monstruosidades tan terribles que lo hacían mojar la cama.
Cansado de que sus padres lo regañaran por esta situación -y de ni siquiera poder descansar dignamente por culpa de las pesadillas-, una noche el niño Guillermo que quería ir al baño les gritó que si lo dejaban hacer pipí para que no lo regañaran, él les prometía dedicar el resto de su vida a encontrar la manera de contar sus historias.
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Aunque pareciera arte de magia -o algo siniestramente divertido-, la historia de un niño enfrentándose en la oscuridad a sus miedos cesó, y mientras del Toro por fin relajaba la vegija, más allá de esa noche una creatividad desbordante llegó a su puerta para darnos películas maravillosas e inolvidables -como La forma del agua, Cronos, Hellboy, Titanes del Pacífico, Pinocho de Guillermo del Toro y El laberinto del fauno, entre muchas más-.
Perderle el miedo a lo desconocido: aceptar la existencia del otro en el cine de Guillermo del Toro
Sony Pictures
Con el tiempo, para el el director mexicano los monstruos pasaron de ser criaturas aterradoras a una manifestación de compañía, consuelo y comprensión. Específicamente esto sucedió cuando aún de niño vio la versión de Frankenstein de 1931, y en los ojos de la criatura interpretada por Boris Karloff vio "la mirada de un santo", en una marcada referencia visual de las figuras de los santos y mártires católicos que rodeaban los días de su infancia en Guadalajara.
Y entonces otro milagro ocurrió; las criaturas imaginarias y aterradores comenzaron a tomar una forma distinta, y resultaron ser seres con angustia, miedo, y necesidades, que muy atento el director escuchó solo para descubrir que no eran tan diferentes a las nuestras.
Tras conseguir una videocámara y tener la ayuda de su madre realizar sus primeras filmaciones, Guillermo del Toro le dio rienda suelta a la imaginación que lo aterraba de niño, y con la ayuda de cada vez más personas amigos, actores, maquillistas, camarógrafos, escritores, editores, vestuaristas, y una caravana interminable de gente creativa comprendió que la mejor manera de cumplir promesa era desarrollar un lenguaje creativo propio que tradujera a nuestro idioma las emociones de sus monstruos, y el cine fue la mejor opción.
De temerles a crearlos: cuando Guillermo del Toro obtuvo la autonomía de sus miedos
Warner Bros. Pictures
Fascinado también por las artes visuales, los dibujos y la capacidad de dar vida a personajes que habitaban en su mente, Guillermo del Toro creó seres como el Fauno en El laberinto del fauno -o la criatura anfibia en La forma del agua- exponiendo su sensibilidad y vulnerabilidad en el nacimiento de sus monstruos.
Su cine, por supuesto, se construye con los mismos pilares, pero a diferencia de la tradición del terror hollywoodense, este mexicano utiliza al monstruo como amigo, aliado, compañero y hermano, por lo que se propone comprenderlo más que enfrentarlo. Sus criaturas no buscan asustar, sino ser vistas, y en esa sutil pero hermosa diferencia radica el poder de encontrarse también a sí mismo.
Un niño con pesadillas que ahora le cuenta sus visiones a todo un mundo
Fox Searchlight Pictures
Paradójicamente, el camino hacia la fama internacional no fue inmediato ni sencillo, sino que como todos, Guillermo del Toro enfrentó fracasos de producción, proyectos cancelados y años de lucha dentro de una industria que dudaba de su estilo oscuro y personal. Sin embargo, mantuvo intacta su visión, y aunque hasta hizo comerciales de televisión -majestuosos, divertidos y en su estilo- la perseverancia y esa vieja promesa lo llevaron a seguir intentándolo hasta ganar, entre muchas otras cosas, premios como el León de Oro en Venecia, y el Oscar por La forma del agua.
Y como dentro de diversas tradiciones místicas, herméticas y hasta oscurantistas de culturas como la mexicana, india o china, el agua suele asociarse con las emociones, la susceptibilidad y nuestra capacidad para sentir; si nos ponemos metafísicos y empezamos a llevar la conversación hacia otros caminos, podríamos decir que además de que esta fue la película que lo hizo volver a creer en su capacidad de hacer cine, es precisamente La forma del agua la película que por fin le abrió al Guillermo adulto, hombre, cineasta y niño, las puertas para que tanto él como sus monstruos encontraran un mundo nuevo -y sin miedos- en el cual vivir.