El cine mexicano ha tenido que despedirse de varias leyendas en los últimos años. Silvia Pinal, Ignacio López Tarso y, por supuesto, el eterno ídolo Pedro Infante ya no están entre nosotros. Sus nombres siguen vivos en la pantalla, pero su ausencia pesa.
Por eso, cuando una figura del cine de oro mexicano alcanza una cifra que parece imposible, el corazón de los mexicanos se detiene por un segundo para agradecer. No es solo un cumpleaños más: es historia viva, resistencia y memoria cultural celebrando otro año. Y esa celebración tiene nombre y apellido: María Victoria.
Una fiesta íntima, pero muy significativa
El cumpleaños número 103 de María Victoria no fue un evento lleno de cámaras ni alfombra roja. Todo lo contrario. Según contó su hija Teté a Milenio, la diva pasó la tarde en su casa, rodeada de su familia más cercana. Nada de reflectores ni de espectáculos, solo cariño.
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El menú fue tan tradicional como entrañable: un buen plato de pozole compartido entre risas y recuerdos. Porque a veces las celebraciones más importantes no necesitan más que eso. Y de acuerdo con los reportes, al festejo asistieron hijos, nietos, bisnietos y familiares que incluso viajaron desde Ensenada y Guadalajara para estar presentes. Fue un encuentro reservado, pensado para disfrutar en confianza, lejos del ruido mediático.
Una leyenda que decidió el silencio
Desde finales de 2024, la actriz y cantante se ha mantenido retirada de la vida pública y de los escenarios. Sus apariciones han sido esporádicas, casi siempre en reuniones familiares. Y es comprensible porque después de décadas de trayectoria, aplausos y luces, elegir la tranquilidad también es un acto de dignidad.
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María Victoria no solo brilló en el cine, sino que también conquistó la televisión y la música. Su estilo inconfundible, su voz y esa elegancia tan particular la convirtieron en un símbolo de una época donde las estrellas parecían inalcanzables pero al mismo tiempo cercanas.
103 años y una huella imborrable
Llegar a los 103 años no es solo una cifra impresionante. Es un recordatorio de todo lo vivido, de las generaciones que crecieron viéndola en pantalla y de cómo el arte puede trascender el tiempo.
Mientras muchas figuras del cine de oro ya descansan, María Victoria sigue aquí, celebrando en familia, rodeada de amor y con un legado que nadie puede borrar.