Para muchos 'Sinners' es la favorita del Oscar 2026, para mi no. Y en 'Hamnet' encontré la película del año
Nath Rodríguez
Nath Rodríguez
-Redactora y coordinadora de base de datos
Cinéfila amante del horror, los romances y las adaptaciones literarias.

En medio del ruido de la temporada de premios, la película de Chloé Zhao emerge como una de las propuestas más íntimas y subestimadas del año.

Mientras muchas conversaciones de la temporada de premios se concentran en títulos como Sinners, una de las producciones más comentadas y nominadas del año, hay otra película que ha pasado casi desapercibida dentro de la contienda. Se trata de Hamnet, dirigida por Chloé Zhao y protagonizada por Jessie Buckley y Paul Mescal, una obra que propone una mirada íntima sobre el origen del arte y el duelo detrás de una de las piezas más influyentes de la literatura: Hamlet.

En un panorama donde los Oscar 2026 han estado dominados por producciones de gran escala como Una batalla tras otra, Frankenstein o F1: La película, Hamnet aparece como una propuesta distinta: más silenciosa, más contemplativa y, quizá por eso mismo, una de las películas más infravaloradas de la temporada.

Hamnet
Hamnet
Fecha de estreno 29 de enero de 2026 | 2h 05min
Dirigida por Chloé Zhao
Con Paul Mescal, Jessie Buckley, Emily Watson
Usuarios
3,2
Cartelera y sesiones (70)
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Hamnet y la representación del arte

A diferencia de muchos de sus contendientes, Hamnet se aleja de los discursos que dominan la conversación del Oscar 2026 y se centra en algo más íntimo: el origen del arte. La película parte de un suceso profundamente trágico para explorar cómo el dolor puede convertirse en creación.

Zhao plantea una pregunta sencilla pero poderosa: ¿de dónde nace realmente una obra? No desde el genio solitario o el mito del artista, sino desde el duelo, la pérdida y la necesidad humana de encontrar una forma de expresar aquello que no se puede decir.

En ese sentido, Hamnet propone algo que pocas películas de la temporada están intentando: reflexionar sobre el proceso creativo. Sobre cómo los artistas muchas veces no encuentran las palabras para explicar su dolor como cualquier otra persona y terminan transformándolo en otra cosa; en este caso, en literatura.

La creación de Hamlet aparece entonces no como un gesto intelectual, sino como una forma de sobrevivir al duelo. Al mismo tiempo, la película también dirige su mirada hacia una figura de la que históricamente sabemos muy poco, y hay muy poca documentación: la esposa de William Shakespeare. Ese enfoque termina volviendo la historia profundamente humana.

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En un momento donde la inteligencia artificial comienza a infiltrarse en prácticamente todas las industrias creativas, incluido el cine, romantizar el proceso artístico y su origen emocional se vuelve casi un acto político. Zhao no solo habla de Shakespeare; habla de la fragilidad de la humanidad y del arte mismo.

A través de la actuación de Jessie Buckley vivimos la parte más humana de la historia: una mujer conectada con la naturaleza, una madre entregada y una esposa profundamente vinculada a las aspiraciones de su marido. Tras la muerte de su hijo, su personaje se desconecta de todo, y ese proceso se transmite no solo a través de su actuación, sino también mediante la fotografía y el diseño de producción de la película.

La exclusión de Paul Mescal

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Si bien Jessie Buckley se ha posicionado como una de las favoritas de la temporada, una de las grandes omisiones (al menos en mi opinión) es la ausencia de Paul Mescal entre los nominados.

El actor, que ya había demostrado su sensibilidad en Aftersun y The History of Sound, interpreta aquí a William Shakespeare desde un lugar inesperado: no como el dramaturgo monumental que conocemos, sino como un hombre profundamente vulnerable.

Mescal construye a un Shakespeare lleno de dudas, dolor y culpa. Un hombre incapaz de procesar lo que ha ocurrido en su vida familiar y que termina refugiándose en lo único que sabe hacer: escribir. Lejos de la figura casi mitológica que solemos imaginar, esta interpretación lo vuelve más humano, más cercano y quizá por eso mismo más poderoso. Es el tipo de actuación que la Academia suele amar… y aun así quedó fuera.

El cine como transformación

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Al final, lo que hace especial a Hamnet no es solo su historia ni sus actuaciones, sino la manera en que entiende el cine. Zhao filma esta historia como un proceso de transformación. El dolor se convierte en palabras, las palabras en teatro y el teatro en legado. La película misma parece replicar ese ciclo: toma una historia íntima y la convierte en una experiencia cinematográfica profundamente emocional.

En una temporada de premios dominada por producciones ambiciosas, espectaculares y técnicamente impresionantes, Hamnet apuesta por algo distinto: la contemplación. No busca impresionar constantemente, sino invitar a pensar en por qué el arte existe en primer lugar. Y quizá por eso mismo, aunque muchos vean a Sinners como la gran favorita del Oscar 2026, para mí la verdadera película del año es Hamnet.

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