Hoy su nombre está pegado a películas gigantescas como Titanic, Avatar y Terminator, pero hubo un tiempo en que James Cameron no tenía ni prestigio, ni contactos de lujo, ni un camino claro dentro de la industria. Antes de convertirse en uno de los directores más influyentes del cine moderno, su vida se veía muchísimo menos glamorosa: trabajos sueltos, mecánica, volante y una obsesión feroz por aprender.
Y eso es justo lo que vuelve tan potente su historia. Porque no estamos hablando del clásico relato del chico prodigio que salió de una gran escuela de cine con todo resuelto. Al contrario: Cameron dejó sus estudios universitarios, trabajó como camionero y fue armando su formación, leyendo y copiando material técnico como si se estuviera fabricando una carrera desde cero.
Lo más increíble es que, según el propio Cameron, esa "escuela" improvisada le costó apenas unos 120 dólares en fotocopias. Sin entrar a una facultad de cine, sin maestros y sin una ruta tradicional, se metía a revisar tesis y documentos técnicos en la biblioteca de USC y se armó él solo una especie de posgrado casero en efectos visuales y cinematografía.
Su verdadera escuela estuvo en una biblioteca
Cameron ha contado que en esa etapa iba a la biblioteca de la University of Southern California, una institución que tenía el tipo de material al que él no podía acceder pagando una carrera formal. Ahí encontraba trabajos sobre impresión óptica, lentes, creación de películas y toda clase de procesos técnicos que la mayoría de la gente probablemente habría dejado botados a la mitad. Él no: les quitaba las grapas, las fotocopiaba completas y se llevaba el conocimiento a casa.
Hemdale Film Corporation
En ese entonces, el futuro director de Avatar conducía un camión mientras iba formando sus propios apuntes sobre cine en grandes carpetas. Y no por hobby, sino con una idea muy clara de hacia dónde quería ir. No tenía dinero para entrar a una escuela de cine, así que decidió hacer algo bastante más Cameron: construirse una por su cuenta.
El primer salto no llegó con un estudio, sino con dentistas
Después de su etapa autodidacta vino otro movimiento: conseguir dinero como fuera para hacer algo propio. Cameron y Randall Frakes lograron reunir 20 mil dólares de un grupo de dentistas locales para producir Xenogenesis, un cortometraje de ciencia ficción de unos 12 minutos que funcionó como laboratorio y carta de presentación para sus ideas visuales.
Hemdale Film Corporation
No fue un éxito instantáneo ni una bomba que abriera todas las puertas de Hollywood. Pero sí dejó ver que Cameron no estaba esperando permiso para empezar. Y ese corto terminó ayudándolo a entrar al grupo de Roger Corman, donde comenzó a trabajar y a moverse en la parte más ruda y práctica del cine de bajo presupuesto.
Del fracaso al nacimiento de 'Terminator'
Su primer largometraje como director, Pirañas 2, fue cualquier cosa menos un debut triunfal. La producción fue desastrosa y Cameron terminó fuera del proyecto muy pronto. Para cualquiera eso podría haber sido el frenón definitivo. Para él fue otra cosa: una sacudida brutal que terminó empujándolo a escribir el proyecto que cambiaría su vida.
En ese periodo nació la imagen que luego daría forma a Terminator. La escena de un esqueleto metálico emergiendo del fuego que se le ocurrió durante una etapa complicada en Roma, enfermo y muy lejos de una situación ideal.
Y después vino la locura. Terminator se volvió el golpe que lo puso en el mapa y cambió para siempre su carrera. Años más tarde llegarían los monstruos: Aliens, Terminator 2, Titanic y Avatar. Pero todo eso empezó mucho antes, cuando todavía no era "James Cameron, el cineasta legendario", sino un tipo manejando un camión y estudiando cine con fotocopias.