Más allá de los gigantes obvios, los 90 estuvieron llenos de experimentos animados que hoy se recuerdan con cariño. El príncipe de Egipto, El gigante de hierro, Anastasia o Balto fueron películas que no siempre fueron las más taquilleras ni las más ruidosas, pero que se quedaron en la memoria de quienes crecieron entre VHS, televisión abierta y tardes eternas frente a la pantalla. No todo era Disney en su versión más obvia, aunque casi siempre estuviera ahí.
También había una categoría muy particular: esas películas que muchos niños vieron, disfrutaron y luego dejaron enterradas en algún rincón de la cabeza. No eran fracasos totales, sino que simplemente no lograron quedarse en la conversación como otras cintas animadas de la época. Y cuando alguien las menciona años después, viene la sospecha del por qué casi nadie volvió a pensar en ellas durante décadas.
La olvidada de Disney que casi nadie menciona
Una de esas películas es Patoaventuras: La película - El tesoro de la lámpara perdida, una producción de Disney. Es una de esas rarezas que parecían destinadas a quedarse más tiempo en el recuerdo, pero no pasó. Estrenada en 1990, la cinta llevó a Rico McPato, Hugo, Paco, Luis y compañía a una aventura con sabor a Indiana Jones, con una lámpara mágica en el centro y un toque exploración perfecto para el universo de Patolandia.
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Lo curioso es que tenía con qué funcionar. Venía respaldada por el fenómeno de Patoaventuras, una serie que fue enorme para toda una generación. Además, la cinta entendía bastante bien qué hacía divertida a la franquicia: tesoros, viajes imposibles, humor y caos familiar.
Un tropiezo en cines pero con una vida mejor en VHS
El gran problema fue que en cines no despegó como se esperaba. Patoaventuras: La película tuvo un presupuesto de 20 millones de dólares y recaudó apenas 18.1 millones, teniendo un paso por salas que se quedó bastante corto. El formato seguía funcionando mucho mejor en la televisión que en la pantalla grande.
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Pero lo que no terminó de cuajar en taquillas encontró su revancha en casa. La película ganó más público con su lanzamiento en VHS y terminó ocupando un lugar de clásico infantil de los 90, de esos que se veían una y otra vez sin necesidad de que fueran la gran película del estudio. No dominó la cultura popular, pero sí se instaló en la rutina de muchos niños, aunque después se fue apagando en silencio.
¿Por qué tantos la vieron y tan pocos la recuerdan?
A diferencia de otros clásicos animados de Disney, la cinta no nació como un evento cinematográfico enorme, sino como la extensión de una serie de televisión. Aunque era conocida, el venir de la pantalla chica la dejaba en una zona rara: estaba demasiado ligada a Patoaventuras para competir con los largometrajes grandes del estudio.
Lo interesante es que cuando alguien la vuelve a ver, la película sigue teniendo encanto. La vibra de aventura clásica, las referencias descaradas a Indiana Jones y los personajes siempre juegan a su favor. No necesita presumir profundidad ni venderse como joya incomprendida. Funciona como recordatorio de una época en la que la animación comercial también se permitía cosas más raras y experimentales.