James Cameron lleva décadas demostrando que el cine le queda chico. Ahí están Terminator, Titanic y Avatar para recordarlo: proyectos enormes, obsesivos técnicamente, visualmente extraordinarios y que dan la sensación de que al director le gusta trabajar donde otros preferirían no meterse. No le basta con contar historias gigantes. También tiene esa madera de explorador que lo ha llevado una y otra vez al fondo del mar, a documentales extremos y a expediciones que parecen hechas para alguien fuera de los límites normales.
Pero incluso dentro de una carrera llena de caprichos monumentales, hubo una aventura que se salió del mapa habitual. No fue un barco hundido, ni un planeta alienígena, ni una máquina asesina venida del futuro. Fue la Atlántida, el mito que lleva siglos desquiciando a historiadores aficionados, científicos, documentalistas y curiosos profesionales.
El proyecto más ambicioso no fue una película de ficción
El impulso terminó convertido en El secreto de la Atlántida en Disney+, un documental de 2017 dirigido por Simcha Jacobovici y producido por James Cameron. La premisa es exactamente la clase de idea que encaja con alguien como él: lanzarse a una búsqueda de escala épica para intentar resolver el misterio de la legendaria Atlántida usando los textos de Platón como una especie de mapa del tesoro.
Disney+
En el documental de National Geographic, Cameron no aparece como el tipo que llega a anunciar que encontró Atlántida y asunto arreglado. El documental se mueve más bien como una gran investigación llena de espectáculo. El director compara hipótesis, visita múltiples locaciones y pone sobre la mesa distintas lecturas sobre qué pudo haber inspirado a Platón. La producción recorre zonas del Mediterráneo, Grecia, Malta, Santorini, Cerdeña, el sur de España y hasta los Azores.
Cameron cambió el set por una expedición
Lo que vuelve tan único este proyecto dentro de su filmografía es que toma muchas de sus obsesiones habituales y las saca del terreno de la ficción. Cameron lleva años clavado con el océano, la tecnología submarina y las historias donde la exploración es casi tan importante como el relato mismo. Y lo mejor es que el cineasta no aparece solo en la investigación: científicos, arqueólogos e historiadores siguen evidencias y teorías en distintos puntos del mapa.
Disney+
También hay algo muy típico de Cameron en haber elegido un misterio que nunca termina de resolverse del todo. Atlántida no es sólo una ruina famosa ni una civilización perdida con coordenadas claras, sino que es una idea movediza. Para algunos, Platón escribió una alegoría moral y política. Para otros, dejó pistas deformadas de un desastre real ocurrido en la Antigüedad. Es ese terreno ambiguo permite justo lo que más le gusta al director cuando sale de Hollywood: filmar el proceso de búsqueda, no sólo la meta.
El verdadero gancho de El secreto de la Atlántida no es si James Cameron encontró o no la legendaria ciudad perdida. Es que el proyecto parece hecho a la medida de su personalidad creativa: enorme, obsesivo, técnicamente ambicioso y totalmente incapaz de elegir el camino fácil. Mientras otros directores se conforman con revisitar viejas franquicias, él decidió ir detrás de una leyenda que lleva siglos rondando por ahí.