Los zombis tienen una cosa rara: cada cierto tiempo alguien dice que ya pasaron de moda y, casi de inmediato, vuelven a levantarse. Ahí están The Last of Us, The Walking Dead y Guerra Mundial Z, tres formas muy distintas de entender el fin del mundo, desde la infección que pone a prueba vínculos humanos hasta las hordas gigantescas que convierte cualquier ciudad en una pesadilla.
El género ha sobrevivido porque es bastante más flexible de lo que parece. Puede ser terror puro, drama familiar, crítica social, aventura de supervivencia o espectáculo de acción con multitudes corriendo como si no hubiera mañana. Pero también existe otra ruta, una menos obvia, donde los muertos vivientes no llegan para acelerar el pulso, sino para hacer que todo se vuelva más extraño y más incómodo.
Otro enfoque del mundo zombi
La cinta en cuestión es Los muertos no mueren, dirigida por Jim Jarmusch y estrenada en 2019. La historia ocurre en Centerville, un pueblo aparentemente tranquilo donde algo empieza a fallar: los días duran más de lo normal, los animales se comportan raro, la radio suelta señales inquietantes y los cadáveres comienzan a salir de sus tumbas. El apocalipsis llegó, pero aquí nadie parece reaccionar como debería.
Kill the Head
La película ha vuelto a llamar la atención en Prime Video, donde aparece dentro del catálogo de historias de zombis para alquilar. No se parece precisamente a lo que uno espera cuando entra cuando está buscando sangre, persecuciones y gritos. Los muertos no mueren juega en otra liga: la de la comedia muerta donde Bill Murray y Adam Driver enfrentan el desastre con una calma tan absurda que termina siendo parte del chiste.
No es una película de zombis normal
Jim Jarmusch nunca ha sido un director interesado en el espectáculo. Su cine suele moverse con un ritmo más contemplativo, como si los personajes estuvieran siempre un poco desfasados del mundo. Con Los muertos no mueren toma el imaginario zombi y lo mete en su propio territorio: silencios largos, diálogos raros, humor inexpresivo y personajes que parecen aceptar lo imposible con una resignación inexplicable.
Kill the Head
Eso puede parecer desconcertante para quien esté esperando una versión más sangrienta de Guerra Mundial Z. La realidad es que si alguien la pone esperando una cinta frenética, probablemente termine mirando el reloj. Pero si se entra en el tono de Jarmusch, en una comedia seca donde los personajes parecen leer el fin del mundo como si fuera un reporte del clima, la experiencia se vuelve bastante única.