Durante años, Disney Channel funcionó como una fábrica de estrellas pop. De ahí salieron nombres que después dominaron la televisión, la música, el cine y hasta las conversaciones más recordadas de internet. Lindsay Lohan, Selena Gomez, Zendaya y Miley Cyrus son prueba de ello: cada una, a su manera, transformó sus días de juventud en la Casa del Ratón para saltar a algo mucho más grande.
Era una ruta bastante tentadora. Un papel en Disney podía significar fama inmediata, canciones, giras, portadas y una base de fans lista para crecer contigo. Muchos actores jóvenes habrían tomado ese camino sin pensarlo demasiado. Pero hubo una actriz que cuando tuvo esa puerta abierta, decidió no entrar al mundo de las risas pregrabadas, los sets coloridos y las historias familiares. Eligió algo mucho más raro y oscuro.
La actriz que eligió el bosque y vivir "deliciosamente"
La estrella fue Anya Taylor-Joy, quien reveló que el mismo día recibió dos ofertas completamente opuestas: una para participar en Disney Channel y otra para protagonizar La bruja, el debut cinematográfico de Robert Eggers. En lugar de irse por la opción más segura, tomó el papel de Thomasin, una adolescente atrapada con su familia en una comunidad puritana del siglo XVII, en medio de sospechas, fanatismo religioso y una presencia maligna.
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La decisión terminó siendo una de las más importantes de su carrera. La bruja, estrenada en 2015, no solo presentó al mundo a una actriz con una presencia imposible de ignorar. También ayudó a marcar una nueva etapa dentro del cine de terror. No era una película hecha para provocar sustos fáciles. Era lenta, incómoda y con una atmósfera que parecía meterse debajo de la piel. Desde ahí, Anya dejó claro que su camino no iba a ser el más predecible.
Thomasin cambió la carrera de Anya
Anya Taylor-Joy tenía algo muy difícil de conseguir: una presencia que podía transmitir inocencia, fragilidad y desconcierto al mismo tiempo. La bruja lo aprovechó de forma perfecta. Thomasin no es una heroína metida en una historia antigua, sino una joven atrapada en un sistema donde cualquier gesto puede interpretarse como pecado. Y la actuación de Anya ayudó a sostener perfecto el papel.
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Su interpretación la puso de inmediato en el mapa. Después vendrían Fragmentado, Glass, El menú, Furiosa: de la saga Mad Max y Gambito de dama, la serie de Netflix que la convirtió en una estrella global. Pero el punto de quiebre estuvo en ese bosque helado, con una cabra llamada Black Phillip y un final que todavía se comenta entre fans del terror. Disney Channel habría sido otra historia, probablemente lejos de la brujería y el fanatismo.
Una decisión que pudo cambiarlo todo
Lo más interesante de la anécdota es imaginar la bifurcación. De un lado, Disney Channel: una entrada mucho más segura a la industria, con exposición juvenil y un camino probado por varias estrellas. Del otro, una película independiente de terror, hablada en un inglés antiguo, dirigida por un cineasta que apenas debutaba. No suena como la apuesta más cómoda para empezar.
Anya eligió la segunda opción y le salió perfecto. No porque Disney fuera un mal camino, sino porque La bruja le permitió presentarse sin ese molde previo. No apareció como la chica Disney intentando desprenderse de una imagen familiar años después. Llegó directamente a demostrar su capacidad como una actriz capaz de sostener una película rarísima y convertir el desconcierto en presencia.