No es para niños, es para tu niño interior: la joya animada que explora la depresión y la esperanza como ninguna otra
Sergio Negrete
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Esta cinta habla de depresión, esperanza y propósito con la suavidad de una canción que no intenta salvarte de golpe, pero sí acompañarte mientras vuelves a encontrar el ritmo.

Cuando Pinocho llegó a Netflix bajo la mirada de Guillermo del Toro, el director mexicano dijo algo con una claridad que todavía debería repetirse cada vez que alguien reduce una película animada a contenido infantil: la animación no es un género para niños, es un medio para hacer cine. Lo dijo antes de ganar el Oscar a Mejor película animada, cuando su versión en stop-motion del clásico italiano demostró que una historia animada podía hablar de temas para adultos.

Lo mismo aplica para Disney y Pixar, que llevan años probando que aunque muchas veces se les siga mirando como fábricas de películas para llevar a los niños, sus historias van más allá. Intensamente habló de las emociones con una delicadeza tremenda. Up, una aventura de altura rompió corazones en sus primeros minutos. Y WALL·E imaginó una humanidad desconectada de la vida real. Pero hay una película que parece hecha directamente para ese niño interior que ya creció y se pregunta su sentido de vida.

Soul
Soul
Fecha de estreno 1 de febrero de 2025 | 1h 40min
Dirigida por Pete Docter, Kemp Powers
Con Jamie Foxx, Tina Fey, Graham Norton
Medios
4,2
Usuarios
3,6
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La animación nunca fue ha sido solo cosa de niños

La cinta es Soul, dirigida por Pete Docter y Kemp Powers, y estrenada en 2020. La película sigue a Joe Gardner, un profesor de música de secundaria que sueña con convertirse en pianista de jazz profesional. Justo cuando recibe la oportunidad que llevaba años esperando, sufre un accidente y su alma termina separada de su cuerpo, atrapada entre el Más Allá y un extraño lugar donde las almas nuevas descubren su personalidad antes de nacer.

Pixar / Disney

La premisa suena fantástica, pero la película no tarda en mostrar sus verdaderas intenciones. Joe no solo quiere vivir porque le da miedo morir. En realidad, quiere vivir porque siente que todavía no ha hecho lo suyo. Él cree que su existencia solo tendrá sentido cuando consiga su gran momento en el escenario con la validación del público. Pixar toma la pregunta de "¿para qué estamos aquí?" y la cuenta con jazz, humor, colores suaves y una tristeza que se cuela sin hacer escándalo.

Joe Gardner y la trampa de vivir esperando

Joe es un personaje demasiado reconocible para cualquiera que ha sentido que su vida está en pausa. Tiene trabajo, talento, amor por la música y gente que lo quiere, pero nada le parece suficiente porque está convencido de que su verdadero destino está en otra parte. No es infeliz todo el tiempo. Es peor: vive con esa sensación de que la felicidad está a una oportunidad de distancia.

Disney / Pixar

Ahí la película toca algo muy adulto. La depresión o el vacío no siempre aparecen como una cama deshecha y alguien llorando en silencio. A veces se ven como rutina, obsesión, cansancio, una meta que nunca llena o la idea de que si no eres excepcional, entonces fallaste. Joe mira su vida como si fuera un ensayo antes del gran concierto. Soul le responde con una crueldad hermosa: quizá el concierto ya estaba pasando.

22 y la esperanza de no tener que brillar

Del otro lado está 22, un alma que no quiere nacer. Ha pasado siglos escuchando a mentores famosos tratar de convencerla de que la vida vale la pena y nada funciona. Su resistencia parece comedia al principio, pero poco a poco revela algo más profundo: 22 no le teme a vivir porque sea floja o caprichosa, sino que no quiere no ser suficiente.

La relación entre Joe y 22 funciona porque los dos están perdidos en direcciones opuestas. Él cree que sólo una gran pasión justifica estar vivo. Ella cree que no tiene ninguna chispa digna de llevarla a la Tierra. Ninguno entiende bien lo que está buscando. Y, como suele pasar en las mejores historias de Pixar, la respuesta no llega con una gran lección enmarcada, sino con momentos pequeñitos.

Soul no se vende como una película sobre depresión, pero muchas de sus imágenes caminan por ese rumbo. Tampoco promete que todo se arregla con una epifanía. Joe no recibe una respuesta perfecta sobre la existencia, y 22 no se convierte de pronto en una persona sin miedo. La película es más honesta que eso. A veces basta una pequeña apertura, un respiro y la decisión de volver a intentar, no porque la vida sea fácil, sino porque todavía quedan cosas por sentir.

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