Hubo una época en la que las telenovelas infantiles de Televisa podían convertir a cualquier niño en estrella nacional en cuestión de semanas. Desde Belinda, Danna Paola, Alejandro Speitzer y Diego Boneta: no hacía falta tener redes sociales, ni clips virales, ni campañas de TikTok. Bastaba con salir todas las tardes en pantalla, tener una canción pegajosa y aparecer en los álbumes de estampas que medio salón llevaba a la escuela.
De esa generación salieron varios rostros que marcaron la televisión mexicana de los 2000. Algunos brincaron a la música, otros siguieron en melodramas juveniles y unos cuantos se alejaron sin hacer demasiado ruido. El caso de una de esas actrices sigue llamando la atención porque se fue cuando parecía tener todo listo para quedarse muchos años más en Televisa.
De niña estrella a rostro clave de las telenovelas juveniles
La actriz es Allisson Lozz, quien comenzó a llamar la atención tras su paso por Código F.A.M.A. y luego entró de lleno al universo de las telenovelas infantiles con Alegrijes y Rebujos. Ahí interpretó a una villana juvenil que muchos televidentes recuerdan con cariño y coraje que solo producen ciertos personajes del melodrama. Después llegaron Misión S.O.S., Rebelde, Al diablo con los guapos y En nombre del amor, títulos que la colocaron entre las figuras más visibles de Televisa durante esos años.
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Lo curioso es que su carrera no se apagó por falta de trabajo. Al contrario, Allisson estaba en uno de sus momentos más fuertes cuando decidió cortar de tajo con la actuación. En Al diablo con los guapos se volvió protagonista juvenil junto a Eugenio Siller, mientras que En nombre del amor terminó por consolidarla como una de las caras más queridas del melodrama mexicano de finales de los 2000.
La fama no era el lugar donde quería quedarse
Con los años, Lozz ha hablado con más claridad sobre lo que vivió en esa etapa. En una transmisión en redes sociales, señaló que en algunas producciones no se sintió cuidada y que la carga de trabajo le pegó fuerte siendo menor de edad. Sobre su paso en En el nombre del amor, recordó que tenía 16 años y que, desde su percepción, su salud no era una prioridad para la producción.
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Su historia tiene un contraste especial. Desde fuera, ser protagonista de una telenovela juvenil podía verse como la vida soñada: . Desde dentro, al menos para ella, el ritmo era otro: presión, cansancio y una exposición que no necesariamente combinaba con lo que quería para su vida.
Después de dejar Televisa, Allisson se mudó a Colorado, Estados Unidos, se casó y formó una familia lejos del ambiente artístico. También encontró un camino laboral muy distinto, ligado a la industria de la belleza y la venta de cosméticos. En entrevistas, ha contado que esa nueva etapa le dio algo que no sentía tener antes: control sobre su tiempo y sus prioridades.
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Hoy, Allisson Lozz se presenta más como empresaria que como exactriz. Ha trabajado en una compañía de belleza, ha construido equipo de ventas y en 2023 compartió en redes una imagen con un cheque por más de un millón de pesos, subrayando que para ella el punto no era presumir la cifra, sino la libertad de organizar su vida sin pedir permiso para atender a su familia o sus prioridades personales.