Hay villanas de Disney que son malas porque la historia necesita un obstáculo, y luego está Úrsula. La bruja del mar de La Sirenita no solo quería quedarse con la voz de Ariel ni arruinarle el romance con el príncipe Eric. Ella entraba a escena como si el océano completo le perteneciera, con una seguridad venenosa, mirada filosa y una presencia demasiado grande para cualquier cueva submarina.
Desde su estreno en 1989, Úrsula se volvió una de las grandes villanas del estudio porque tenía algo que muchas otras no: carisma. Era teatral, maliciosa, divertida, intimidante y capaz de convertir una canción sobre contratos mágicos en uno de los momentos más recordados de la película. Daba miedo porque sabía exactamente cómo manipular a alguien vulnerable y hacerlo sonar casi como un favor.
La inspiración drag detrás de Úrsula
El secreto detrás de esa presencia viene de un lugar inesperado para una película animada de Disney de finales de los ochenta. El equipo creativo tomó como una de sus grandes referencias a Divine, la famosa artista drag y figura clave del cine transgresor de John Waters. Su influencia aparece en la fisionomía de Úrsula, en el maquillaje exagerado, en las cejas altas, en la boca marcada y en esa manera de ocupar el espacio como si estuviera en pleno show.
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La historia del diseño no fue directa desde el primer boceto. Antes de llegar a la Úrsula que todos conocemos, los animadores exploraron otras versiones: una bruja más delgada, más elegante, casi inspirada en una villana de vieja escuela. También hubo ideas relacionadas con mantarrayas, peces escorpión y otras criaturas marinas. Pero cuando apareció la referencia de Divine, Úrsula dejó de ser una bruja genérica y se convirtió en espectáculo puro.
Divine, cuyo nombre real era Harris Glenn Milstead, era una presencia imposible de ignorar. En películas como Pink Flamingos y Hairspray, construyó una imagen provocadora, excesiva, feroz y profundamente teatral. Su energía terminó nadando hasta el fondo del mar en forma de villana Disney. Desafortunadamente, Divine murió en 1988, un año antes del estreno de La Sirenita, y nunca pudo ver el impacto de Úrsula.
Una villana con maquillaje, colmillo y escenario propio
Úrsula tiene mucho de diva de cabaret. No solo habla: interpreta. En "Pobres almas en desgracia", la bruja no canta como alguien que está explicando las reglas de un hechizo, sino como una artista vendiendo el número más importante de la noche. Ariel cree estar negociando pero Úrsula está dando una función.
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La influencia de Divine se siente con fuerza. El maquillaje no es discreto, las expresiones no son pequeñas y la voz del personaje, interpretada por Pat Carroll en inglés, remata la mezcla de humor ácido y peligro. Úrsula puede hacerte reír con una mueca y, segundos después, recordarte que está dispuesta a destruir a cualquiera con tal de recuperar poder.
Divine no fue una referencia cualquiera
La influencia de Divine no se quedó sólo en el aspecto físico. Úrsula heredó algo de esa malicia juguetona, de esa forma de convertir el cuerpo en declaración y de esa seguridad de quien sabe que todos la están mirando. No es una villana que busque verse bonita bajo las reglas tradicionales de Disney: es poderosa porque se sale de esas reglas. Su encanto está en lo desbordada, en lo peligrosa y en lo feliz que parece cuando está haciendo daño.
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Por eso el personaje ha sobrevivido tan bien al paso del tiempo. Muchas villanas clásicas dependen del misterio, de la belleza fría o de la autoridad. Úrsula funciona desde otro lugar: el descaro. Tiene humor, sensualidad, ambición y una inteligencia cruel que la vuelve mucho más entretenida que varios héroes del estudio. Se roba cada escena porque está diseñada para eso. Como buena diva, no entra para acompañar: entra para dominar.