Liam Neeson tiene una de esas carreras que parecen divididas en varias vidas. Primero fue el actor dramático de presencia imponente, capaz de cargar películas históricas como La lista de Schindler o Michael Collins. Luego, contra todo pronóstico, se convirtió en héroe de acción con Búsqueda implacable, una película que lo transformó en el papá más peligroso del cine moderno.
Ese giro hizo que muchos lo asociaran con llamadas amenazantes, persecuciones, secuestros, internacionales y personajes que siempre parecen tener un "conjunto particular de habilidades" escondido bajo la manga. Pero antes de esa etapa, Neeson estuvo muy cerca de interpretar a una de las figuras más importantes de la historia de Estados Unidos. Un papel enorme, de esos que pueden darle un Oscar a cualquiera o hundirlo si no lo agarra en el momento correcto.
El Lincoln que Liam Neeson dejó escapar
El papel era Abraham Lincoln en Lincoln, la película de Steven Spielberg estrenada en 2012. Neeson no fue una opción al aire en una junta de casting. Durante años estuvo ligado al proyecto y llegó a prepararse para interpretar al presidente estadounidense. En un principio, la película parecía ir por el camino de una biografía más amplia de vida completa, desde su ascenso político hasta su asesinato.
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Pero el proyecto cambió. Con el guion de Tony Kushner, Lincoln terminó enfocándose en los últimos meses del presidente y en la lucha política para aprobar la Decimotercera Enmienda, que abolió la esclavitud en Estados Unidos. Ya no era una biografía tradicional. Era una película sobre negociación, poder, moral y un hombre rodeado de enemigos, aliados, dudas históricas.
Cuando llegó la lectura de mesa, Neeson tuvo una reacción muy clara. Al ver su momento de hablar como Lincoln, sintió que algo ya no encajaba. No era rechazo al guion ni falta de respeto por Spielberg, sino la sensación de que su tiempo para interpretar a ese Lincoln ya había pasado.
"No puedo ser él"
Neeson explicó años después que, durante aquella lectura, sintió un golpe interno. Pensó que ya no pertenecía a ese lugar y que el papel se le había ido de las manos. También venía atravesando un duelo durísimo por la muerte de su esposa, Natasha Richardson, ocurrida en 2009, y él mismo ha reconocido que esa tristeza pudo haber influido en la forma en que se enfrentó al material.
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Después de la lectura le pidió al director que lo reemplazara. Spielberg, según el propio actor, terminó entendiendo. Fue un tipo de renuncia que casi nunca se cuenta con honestidad. Hollywood está lleno de actores que persiguen papeles prestigiosos aunque no sean adecuados para ellos. Y hablando de un personaje histórico dirigido por Spielberg, es un boleto directo a la temporada de premios. Neeson hizo lo contrario: soltó el papel aunque sabía perfectamente lo que podía significar.
Daniel Day-Lewis entró y cambió la historia
El reemplazo fue Daniel Day-Lewis, y ahí la anécdota se volvió todavía más sorprendente. Day-Lewis no sólo interpretó a Lincoln: lo convirtió en una de las actuaciones más celebradas del siglo XXI. Su trabajo se apoyó en los detalles humanos: la voz suave, la postura cansada, el humor seco, la tristeza acumulada y la inteligencia política.
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Por esa actuación ganó el Oscar a Mejor actor en 2013, el tercero de su carrera después de Mi pie izquierdo y Petróleo sangriento. Con eso se convirtió en el primer actor en ganar tres veces la categoría principal masculina de la Academia. No es raro que muchos lo consideren uno de los mejores actores de todos los tiempos.
Lincoln necesitaba justo ese tipo de presencia. No un actor que se pareciera al presidente, sino alguien capaz de volverlo humano sin quitarle tamaño histórico. Day-Lewis le dio esa interpretación que lo hizo legendario. Neeson lo dejó ir pero el cine ganó otra actuación monumental.