Antes de que Tom Cruise se colgara de aviones, brincara de edificios y convirtiera cada entrega de Misión: Imposible en una competencia contra el sentido común, el cine de acción ya tenía a varias estrellas haciendo acrobacias imposibles, que de salir mal, podrían terminar en una costosa demanda. Jackie Chan se rompía el cuerpo con una sonrisa, Arnold Schwarzenegger parecía una máquina diseñada para resistir explosiones, y Sylvester Stallone entendía muy bien que una buena escena de riesgo podía vender una película completa.
Stallone venía de ser Rocky y Rambo, dos personajes que lo habían convertido en símbolo de resistencia física, sudor, golpes y voluntad. Para principios de los noventa, su nombre ya pesaba lo suficiente como para levantar proyectos enteros, pero también cargaba con una presión clara: tenía que seguir demostrando que podía competir en una década donde el cine de acción quería más peligro y más espectáculo. Ahí apareció una película de montañas, vértigo y una acrobacia que no cualquiera se habría atrevido a pagar.
La escena que nadie quería asegurar
La película era Máximo riesgo, estrenada en 1993 y dirigida por Renny Harlin. En ella, Stallone interpreta a Gabe Walker, un rescatista de montaña marcado por una tragedia que termina metido en una operación criminal en plena cordillera. La cinta tenía nieve, helicópteros, persecuciones, caídas imposibles y tensión vertical que hace que a uno le suden las manos aunque esté sentado.
Carolco Pictures
Pero la escena más famosa no ocurría en una montaña, sino en el aire. El momento consistía en ver a un doble de acción cruzar de un avión a otro, suspendido a miles de metros de altura, en una maniobra tan peligrosa que las aseguradoras no querían cubrirla. No hablamos de un truco digital. Era una acrobacia real, con un cuerpo real colgado en el cielo.
Según se documentó, Stallone decidió recortarse un millón de dólares de su propio salario para que la secuencia pudiera filmarse. El dinero sirvió para cubrir el costo de una maniobra que, en ese momento, fue reconocida como una de las acrobacias aéreas más caras del cine.
Simon Crane, el hombre que sí se subió al cielo
El encargado de realizar la acrobacia fue Simon Crane, doble británico con una carrera enorme en el cine de acción. Su trabajo en Máximo riesgo exigía pasar de un avión a otro mediante un cable, a una altura aproximada de 4,500 metros. Era una secuencia pensada para verse real porque, en buena medida, lo era.
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Crane llevaba un traje especial y un paracaídas oculto, pero eso no convertía la escena en paseo matutino. A esa altura, el viento, el frío, la velocidad y cualquier error mínimo podían volverse un problema serio. El plan requería precisión absoluta entre pilotos, equipo de cámara, coordinación de riesgo y el propio doble. Cuando una escena depende de que todos hagan exactamente lo que deben hacer en el segundo correcto, la palabra "control" se vuelve casi un tiro al aire.
Hoy, con los efectos digitales tan integrados al cine comercial, una escena como ésta se leería distinto. Seguramente se combinarían dobles, cables, pantallas verdes, extensiones digitales y mucho trabajo de posproducción. No tendría nada de malo. El cine también avanza para proteger a su gente. Pero en los noventa todavía existía una relación muy directa entre espectáculo y riesgo físico.