Pocas franquicias han provocado tantas discusiones como Star Wars. Los fans llevan décadas analizando cómo funciona el hiperespacio, si los sables de luz podrían existir, qué tan rápida es la Estrella de la Muerte o por qué se escuchan explosiones en medio del vacío. Cada nave, planeta y criatura ha generado libros, videos y conversaciones que duran más que la trilogía completa de Disney+.
La saga parece invitar a ese tipo de preguntas. Tiene robots, viajes entre galaxias, armas capaces de destruir mundos y una tecnología que permite recorrer distancias imposibles. Sin embargo, George Lucas nunca estuvo demasiado preocupado por construir una explicación científica para todo aquello. Mientras millones intentábamos entender sus reglas, él estaba contando otro tipo de historia.
George Lucas nunca quiso hacer ciencia ficción estricta
En una entrevista concedida a Rolling Stone poco después del estreno de la primera película en 1977, Lucas reconoció que le preocupaba la reacción de los seguidores más exigentes de la ciencia ficción. Sabía que señalarían errores como el sonido de las naves y los disparos en el espacio. Su respuesta fue sencilla: "Simplemente quería olvidarme de la ciencia".
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El director sentía que Stanley Kubrick ya había realizado con 2001: Odisea del espacio una obra difícil de superar dentro de la ciencia ficción más seria. En lugar de competir con ella, decidió viajar hacia el extremo contrario. Quería recuperar las aventuras espaciales de Edgar Rice Burroughs, John Carter, Buck Rogers y aquellos relatos donde importaban más los héroes, los villanos y el peligro que la precisión de una ecuación.
Lucas describía su película como una "fantasía espacial". La comparación que hacía en aquellos años no era con una misión de la NASA, sino con los cuentos de los hermanos Grimm, los westerns y las historias de piratas que había disfrutado cuando era joven. Los planetas lejanos eran su versión del bosque encantado y los Jedi ocupaban el lugar de los caballeros y la Fuerza tenía mucho más de magia que de física.
'Star Wars' nació después de que no pudo hacer 'Flash Gordon'
Antes de crear a Luke Skywalker, Darth Vader y la princesa Leia, Lucas quería dirigir una adaptación de Flash Gordon. Intentó conseguir los derechos, pero estaban bajo el control del productor Dino De Laurentiis y la negociación no avanzó. En vez de abandonar la idea, comenzó a construir su propio universo tomando elementos de aquellas aventuras que lo habían acompañado desde niño.
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De ahí vienen varias decisiones que ahora parecen inseparables de Star Wars. El texto que se aleja hacia las estrellas recuerda los resúmenes con los que comenzaban los viejos seriales cinematográficos, mientras el uso de "Episodio IV" daba la sensación de llegar a una aventura que ya llevaba tiempo en marcha. Incluso la frase "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana" funciona como un "érase una vez" trasladado al espacio.
La tecnología nunca fue el verdadero centro. La historia habla de un joven atrapado en un lugar que le queda pequeño, una princesa que enfrenta a un imperio, un hombre que debe decidir entre el egoísmo y la amistad, y un padre consumido por sus propias decisiones. Se pueden cambiar las naves por caballos y los sables por espadas y el relato seguiría funcionando. El propio Lucas ha insistido durante décadas en que hizo estas películas pensando principalmente en espectadores de alrededor de 12 años.
El género que le preocupaba terminó premiándolo
La ironía llegó apenas un año después del estreno. En 1978, Star Wars ganó el premio Hugo a Mejor Presentación Dramática, uno de los reconocimientos más importantes entregados por la comunidad de la ciencia ficción. Competía contra Encuentros cercanos del tercer tipo, de Steven Spielberg, Wizards de Ralph Bakshi, y la adaptación animada de El Hobbit.
El Imperio contraataca volvió a ganar esa categoría en 1981. La franquicia que Lucas había pensado como un cuento de hadas terminó convertida en una de las referencias inevitables del género que temía decepcionar. Con el tiempo, incluso algunas tecnologías imaginadas para ese universo comenzaron a inspirar conversaciones científicas reales, aunque su creador nunca necesitó que fueran posibles para hacerlas funcionar.