Hollywood lleva décadas regresando a sus propios éxitos. Nace una estrella ha tenido varias vidas, Ocean's Eleven pasó de Frank Sinatra a George Clooney y hasta películas que parecían intocables terminaron encontrando una nueva generación. A veces funciona y otras, deja la sensación de que quizá no hacía falta mover nada.
Robert Redford tenía bastante clara su postura sobre ese tema. El actor construyó buena parte de su carrera en una época llena de películas que hoy siguen apareciendo en cualquier conversación sobre el cine estadounidense de los años 70, desde Butch Cassidy and the Sundance Kid hasta Todos los hombres del presidente. Y había varias que, para él, pertenecían demasiado a su momento como para intentar repetirlas.
Robert Redford se negó a revivir 'El candidato'
Una de ellas era El candidato, la sátira política de 1972 dirigida por Michael Ritchie y protagonizada por Redford como Bill McKay. Años después comenzó a circular la idea de que la película podía regresar con una nueva versión e incluso se habló de que el propio actor podría dirigirla y volver a protagonizarla. Cuando MovieMaker le preguntó directamente por el proyecto en 2011, Redford lo descartó: sentía que aquella historia ya había dicho lo que tenía que decir.
Warner Bros.
Su respuesta fue todavía más certera. Redford mencionó a El candidato, Butch Cassidy and the Sundance Kid y The Way We Were como ejemplos de películas que prefería dejar intactas. "Hay películas que es mejor dejar en paz", resumió al hablar de títulos ligados de manera muy fuerte a una época, una cultura y unas circunstancias particulares.
En el caso de El candidato, la relación de Redford con la cinta iba mucho más allá de interpretar al protagonista. También estuvo involucrado como productor y había impulsado el proyecto junto a Ritchie después de trabajar con él en Downhill Racer. La película nació de su interés por explorar la obsesión estadounidense con ganar y por mirar qué ocurría detrás de los discursos que la política vendía al público.
Una película sobre política que todavía se siente bastante actual
La historia sigue a Bill McKay, un joven abogado idealista que acepta competir por un escaño en el Senado de California porque, de entrada, nadie espera que gane. La falta de posibilidades le permite hablar con cierta libertad y defender sus propias ideas. El problema empieza cuando su campaña comienza a crecer y cada palabra, gesto y aparición pública pasa por el filtro de quienes quieren convertirlo en un candidato capaz de sumar votos.
Warner Bros.
Redford estaba particularmente interesado en el proceso. En su conversación con MovieMaker explicó que quería hacer películas sobre personajes que persiguen la victoria y terminan enfrentándose a lo que esa búsqueda les cuesta. Downhill Racer fue el primer paso y El candidato continuó esa idea, ahora dentro de una maquinaria política donde ganar termina pesando más que aquello que se quería defender al principio.
No era el único clásico que Redford quería dejar intacto
Su rechazo a una nueva versión tampoco significaba que considerara imposible volver a contar historias antiguas. La postura tenía más que ver con películas cuya identidad dependía demasiado del momento en que fueron hechas. Butch Cassidy and the Sundance Kid, estrenada en 1969, fue además la cinta que terminó de convertirlo en una estrella junto a Paul Newman. The Way We Were, de 1973, hizo algo similar desde el romance con Barbra Streisand.
Con El candidato, Redford sentía que regresar simplemente para actualizar nombres, campañas o tecnología no aportaría demasiado. La cinta ya había capturado aquello que quería decir sobre el poder y sobre la facilidad con la que un candidato puede terminar convertido en el producto de su propia campaña. Para alguien que pasó buena parte de su vida impulsando nuevas voces a través de Sundance, rehacer por rehacer nunca pareció una idea atractiva.