Hablar de Gary Oldman es hablar de uno de los mejores actores británicos del cine actual, quien ha acumulado una filmografía impecable que incluye desde la franquicia de Harry Potter, la trilogía de Batman de Christopher Nolan, hasta clásicos como Drácula, de Bram Stoker (1992) y por supuesto su impecable interpretación como Winston Churchill en Darkest Hour (2017) que le valió el Oscar a Mejor actor.
Pero más allá de los múltiples reconocimientos, premios, éxitos de taquilla y seguramente millones de dólares, detrás de la vida personal de Oldman se esconde un pasado oscuro y doloroso liderado por un severo alcoholismo que al día de hoy, el actor comparte con libertad y absoluta honestidad.
Una vida sumida en el alcoholismo: "Es un infierno"
Muchas veces vemos a una celebridad que admiramos e incluso percibimos como inalcanzable, sin siquiera imaginar los intensos problemas personales que hay detrás de una falsa imagen de éxito. El caso de Oldman es uno de ellos, pues durante años el actor estuvo inmerso en un problema de alcoholismo que lo estaba llevando directo a su propia autodestrucción.
Hoy su historia es alentadora e inspiradora pues el actor británico lleva tres décadas completamente sobrio, pero llegar a ese punto no fue nada fácil. Según relató a The Hollywood Reporter, “Hubo un momento en que no creía que pudiera pasar ni 28 segundos sin beber”.
Su historia la ha compartido a lo largo de los años en diversas entrevistas sin suavizar la crudeza de vivir un adicción severa. En una entrevista en 2021 resaltó que uno de sus puntos más bajos fue cuando “Solía sudar vodka… Mi lengua se volvía negra por la mañana… No se lo desearía ni a mi peor enemigo; es un infierno”.
IMDb
Oldman logró alcanzar la sobriedad y plenitud
Fue en una entrevista con El País en 2024 durante el festival de Cannes, que el actor se vulneró respecto al tema tras compartir que (en ese entonces con 66 años) por fin se encontraba en el mejor momento de su vida junto a su actual esposa la fotógrafa Gisele Schmidt: “Viajamos siempre juntos, Gigi, mi hijastro, y yo. Y eso ha logrado que esté atravesando el mejor momento de mi mejor vida. Viajar acompañado, con familia, es maravilloso”, añadió.
Durante la charla reconoció que sus palabras no eran cualquier cosa, pues venía de alguien que pasó por los momentos más oscuros y difíciles a pesar de tener una carrera actoral exitosa:
“Te lo dice alguien que se ha pasado media vida viviendo con una maleta, en hoteles. Solo. Cuando acababas la jornada, te ibas a tu hotel, pedías una cena asquerosa al servicio de habitaciones y, como escribió John Cheever: ‘Mi mano temblorosa alcanza el teléfono para llamar a Alcohólicos Anónimos y luego alcanzo lo que queda de whisky, la ginebra, el vermú… Ya llamaré mañana’”.
Me llevó mucho tiempo superar la adicción, conocer a alguien y disfrutar de viajar y ser feliz. Sé que también hay gente que no lo consigue. Yo sí. Estaría muerto si no hubiera parado de beber.
Getty Images
La paz que experimenta el intérprete británico proviene en gran medida de su matrimonio iniciado desde 2017. Un vínculo que se ha consolidado como un ancla clave en su proceso de cambio.