Quentin Tarantino podría llenar horas hablando de las películas que ama. Ha defendido clásicos olvidados, cintas de explotación, westerns italianos y producciones que pasaron sin pena ni gloria por la taquilla. Muchas veces, sus recomendaciones terminan provocando que toda una generación vuelva a buscar películas que llevaban décadas guardadas en algún rincón.
Kevin Costner tampoco era todavía el gigantesco nombre que sería unos años después. A mediados de los 80 estaba comenzando a hacerse visible en Hollywood, mucho antes de ganar el Oscar por Danza con lobos o convertirse en una de las estrellas más rentables de la época. Una pequeña película estrenada en 1985 fue suficiente para que Tarantino quisiera hasta vestirse como él.
La película que Tarantino vio cinco veces en una sola semana
La cinta era Fandango, escrita y dirigida por Kevin Reynolds. En un artículo publicado por Vanity Fair en 1994, poco antes del estreno de Pulp Fiction, Tarantino contó que había ido a verla cinco veces durante su breve paso por los cines. Llegó incluso a describirla como "una de las mejores óperas primas de la historia del cine".
Amblin Entertainment
Su entusiasmo iba especialmente dirigido a Costner. Tarantino decía que una señal de un gran actor era salir del cine queriendo comportarte como él, y eso fue exactamente lo que le ocurrió con Gardner Barnes, el personaje principal. El traje arrugado, el cabello despeinado y esa actitud de alguien que lleva días atravesando el desierto le parecieron increíblemente cool. De ahí salió su famosa observación sobre cómo Costner conseguía que "un esmoquin mugriento parezca lo más genial del mundo".
La película sigue a cinco amigos recién graduados de la Universidad de Texas que deciden hacer un último viaje antes de enfrentarse a la vida adulta. Se ubica en 1971, la guerra de Vietnam aparece cada vez más cerca y algunos de ellos ya tienen avisos de reclutamiento. Lo que comienza como una borrachera por carretera termina convirtiéndose poco a poco en una despedida de la juventud.
Steven Spielberg ayudó a que la película pudiera existir
Fandango nació de Proof, un cortometraje que Kevin Reynolds hizo cuando estudiaba cine en la Universidad del Sur de California. Su agente envió el trabajo a Amblin Entertainment en 1981 y Steven Spielberg quedó lo suficientemente interesado como para sugerir que Reynolds lo transformara en un largometraje. Amblin pensó inicialmente en producirlo por alrededor de un millón de dólares, aunque Warner Bros. terminó entrando al proyecto y el presupuesto creció hasta cerca de siete millones.
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Tarantino quedó tan impresionado con Reynolds que en aquella entrevista de 1994 predijo que podría convertirse en una especie de Stanley Kubrick de su generación. La profecía fue bastante entusiasta, pero Reynolds sí construyó después una carrera llamativa: volvió a trabajar con Costner en Robin Hood: príncipe de los ladrones y en la caótica Waterworld, además de dirigir años después El conde de Montecristo.
Fue un fracaso enorme antes de convertirse en película de culto
El cariño de Tarantino estuvo muy lejos de reflejar lo que ocurrió en taquilla. Warner Bros. lanzó Fandango de manera limitada en enero de 1985 y la película terminó recaudando apenas 91 mil 666 dólares en Estados Unidos. Para una producción que había costado varios millones, el resultado fue un golpe durísimo.
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El tiempo fue bastante más amable. Fandango fue encontrando público en video y construyó una pequeña reputación de culto entre quienes descubrieron en ella algo más que otra comedia universitaria. Hoy mantiene 70 por ciento de aprobació en Rotten Tomatoes, mientras la historia de cinco amigos intentando estirar una última noche antes de crecer conserva bastante de su encanto.
Tarantino simplemente llegó antes que casi todos. Mientras la película desaparecía de las salas después de una semana y Costner todavía estaba lejos de convertirse en una superestrella, él regresó cinco veces para verla. A veces una película necesita décadas para encontrar seguidores. En este caso, uno de los cineastas más famosos del mundo ya estaba obsesionado desde el primer fin de semana.