Algunas de las mejores películas de suspenso tienen presupuestos enormes, decenas de locaciones y personajes corriendo de un lado a otro. Otras necesitan mucho menos. Una habitación, unas cuantas personas y un problema aparentemente imposible de resolver pueden ser suficientes para conseguir que 90 minutos se sientan como una verdadera prueba de resistencia.
El encierro además obliga a los directores a jugar con cosas mucho más pequeñas. Una mirada comienza a importar, el silencio dura más de lo cómodo y cualquier objeto dentro del cuarto puede convertirse en una pista. Si hoy quieres un maratón diferente, estas tres películas demuestran que mientras más pequeño es el espacio, más grande puede sentirse el suspenso.
'Culpable' (2021)
Bold Films
Jake Gyllenhaal prácticamente carga solo con Culpable, thriller de Antoine Fuqua estrenado en 2021. Interpreta a Joe Baylor, un policía relegado temporalmente a trabajar como operador del 911 que recibe la llamada de una mujer aparentemente secuestrada. A partir de ahí, la película se queda casi completamente dentro de la central de emergencias y obliga al espectador a construir mentalmente todo aquello que está ocurriendo del otro lado del teléfono. Culpable dura 89 minutos y actualmente está disponible en Netflix México.
'Oxígeno' (2022)
Dream Warrior Pictures
Si una oficina parece suficientemente claustrofóbica, Oxígeno reduce todavía más el espacio. Mélanie Laurent despierta encerrada dentro de una unidad criogénica apenas más grande que su cuerpo y sin recordar quién es, cómo llegó ahí o por qué el nivel de oxígeno comienza a caer rápidamente. Prácticamente toda la película de Alexandre Aja ocurre dentro de ese pequeño compartimento, con una inteligencia artificial como una de las pocas voces capaces de responder sus preguntas. Oxígeno dura una hora con 40 minutos y sigue disponible en Netflix México.
'12 hombres en pugna'
Orion-Nova Productions
La tercera opción demuestra que el encierro podía funcionar muchísimo antes del streaming.12 hombres en pugna, debut cinematográfico de Sidney Lumet en 1957, mete a un jurado dentro de una habitación calurosa para decidir si un joven acusado de matar a su padre debe ser enviado a la silla eléctrica. Once están convencidos de que es culpable y Henry Fonda interpreta al único hombre que piensa que quizá deberían discutir un poco antes de condenarlo. El Brittish Institute Film todavía la utiliza como uno de los grandes ejemplos de cómo convertir una localización limitada en puro suspenso cinematográfico.