Hay escenas que terminan siendo mucho más bonitas en pantalla que durante el rodaje. La lluvia puede ser agua helada, una puesta de sol obliga a correr contra el reloj y el beso que parece completamente espontáneo quizá sea la décima vez que dos actores tienen que repetir exactamente el mismo movimiento.
Titanic tiene uno de los ejemplos más famosos. James Cameron necesitaba una luz muy concreta para el momento en que Jack lleva a Rose hasta la proa del barco, ella extiende los brazos y ambos terminan besándose frente al atardecer. El resultado parece perfecto, pero Kate Winslet reveló años después que filmarlo fue una auténtica "pesadilla".
El beso de Jack y Rose dejó a los dos cubiertos de maquillaje
Winslet volvió a ver la famosa escena durante una entrevista con Vanity Fair y rápidamente empezó a recordar todo lo que el público jamás habría imaginado. Leonardo DiCaprio llevaba bastante maquillaje bronceador para conseguir el tono de Jack, mientras ella tenía una base mucho más clara. Después de cada beso, los dos terminaban literalmente intercambiando colores.
Paramount Pictures
Según explicó, el maquillaje oscuro de DiCaprio quedaba sobre su cara y ella acababa pareciendo, en sus propias palabras, como si hubiera estado comiendo una barra de chocolate con caramelo. A él le ocurría lo contrario: parte del maquillaje claro de Winslet terminaba sobre su rostro y dejaba zonas donde parecía que le faltaba bronceado. "Fue un desastre", recordó entre risas.
El problema se complicaba porque la escena se filmó sobre una sección separada de la proa que estaba elevada respecto al resto del set. El equipo de maquillaje no podía subir fácilmente hasta donde estaban los actores, así que Winslet escondió brochas, esponjas y productos dentro de su vestuario. Entre toma y toma, ella misma tenía que retocarse y arreglar también a DiCaprio.
Leonardo DiCaprio no paraba de reír y el atardecer tampoco ayudaba
El maquillaje era apenas uno de los problemas. Winslet recordó que DiCaprio no podía dejar de reírse, así que tuvieron que repetir la secuencia varias veces. James Cameron además quería aprovechar una luz muy específica y el atardecer cambiaba constantemente, lo que hacía que cada minuto importara. La actriz calcula que tuvieron que volver a hacerla unas cuatro veces por ese conjunto de problemas.
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Ella tampoco estaba precisamente cómoda. Su vestuario incluía uno de los corsés que utilizó durante buena parte de la película y, mientras volvía a ver la escena décadas después, lo primero que recordó fue lo difícil que le resultaba respirar. También se golpeaba las rodillas mientras intentaba subir a la posición indicada.
Y luego estaba el beso. Winslet bromeó con que entiende perfectamente por qué tantas adolescentes soñaban con besar a Leonardo DiCaprio después del estreno de Titanic, pero para ella la realidad fue mucho menos glamorosa: "No fue tan maravilloso como parecía". Entre el maquillaje, el corsé, las carcajadas y las prisas por aprovechar la luz, el romanticismo quedó reservado exclusivamente para la cámara.