Hoy cuesta pensar en Piratas del Caribe sin el caminar tambaleante de Jack Sparrow, sus trenzas, el maquillaje alrededor de los ojos y esa forma de hablar como si siempre llevara varias copas de ron encima. En 2003, sin embargo, Disney todavía estaba intentando entender qué estaba haciendo Johnny Depp con el protagonista de una película inspirada en una atracción de parque temático.
El actor tenía muy clara una cosa: no quería interpretar al típico pirata heroico. Llegó a la primera reunión con el director Gore Verbinski lleno de ideas para hacer a Sparrow impredecible, extraño y difícil de olvidar. Una de ellas fue tan lejos que el propio Depp terminó frenándose antes de obligar a todo el mundo a explicar a Disney por qué su protagonista necesitaba una nariz de Pitufo.
Johnny Depp quería que Jack Sparrow tuviera la nariz azul
La idea era que Sparrow hubiera perdido la nariz durante un combate con espadas. Después se la habrían cosido de nuevo, pero con tan poca circulación sanguínea que habría quedado permanentemente azul. Depp incluso imaginó una consecuencia para esa lesión: el pirata tendría más miedo a la pimienta o a contraer un resfriado que a morir en una pelea.
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La anécdota salió a la luz en el audiocomentario que Depp y Verbinski grabaron para la edición doméstica de Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra. Mientras el actor explicaba su propuesta en aquella primera reunión, el director daba por hecho que tendría que aceptarla. Su siguiente preocupación fue encontrar la manera de venderle a Disney la imagen de un Johnny Depp con una prótesis azul en medio de la cara.
Depp terminó haciendo el trabajo por él. Conforme desarrollaba la idea en voz alta, entendió que quizá estaba llevando las cosas demasiado lejos y decidió descartarla. Verbinski pudo olvidarse de aquella conversación con el estudio y Jack Sparrow conservó la nariz que todos conocemos.
Disney ya tenía suficientes dudas con la versión de Jack Sparrow
La nariz nunca llegó al set, pero muchas otras decisiones de Depp sí sobrevivieron. El actor construyó al personaje alejándose de la imagen tradicional del pirata de aventuras y tomó elementos de Keith Richards, además de movimientos y gestos propios que hicieron que Sparrow pareciera estar permanentemente a punto de perder el equilibrio.
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El enfoque generó dudas durante la producción. Disney esperaba una aventura familiar de gran presupuesto y Depp estaba interpretando al protagonista de una manera mucho más excéntrica de lo previsto. Años después, el actor contó que ejecutivos del estudio llegaron a cuestionar lo que estaba haciendo con el personaje e incluso se habló de sacarlo de la película.
Verbinski terminó apostando por esa interpretación y la película mantuvo buena parte de las decisiones que Depp había construido. Sparrow inicia la historia en un barco que se hunde lentamente, pisa el muelle justo a tiempo y desde ahí deja claro que nunca se comportará como el héroe convencional de una superproducción de Disney.
La apuesta terminó llevando a Depp hasta los Oscar
Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra se estrenó en 2003 y terminó recaudando más de 654 millones de dólares en todo el mundo frente a un presupuesto de alrededor de 140 millones. El éxito convirtió una película basada en una atracción de Disneyland en el inicio de una de las franquicias más grandes de Disney.
Depp también consiguió algo poco habitual para una aventura de piratas de ese tamaño: fue nominado al Oscar como Mejor Actor por interpretar a Jack Sparrow. Competía aquel año contra Ben Kingsley, Jude Law, Bill Murray y Sean Penn, quien finalmente ganó por Río místico. La cinta recibió cinco nominaciones en total, incluidas maquillaje, efectos visuales y sonido.
El personaje terminaría regresando en otras cuatro películas y convirtió a Depp en el rostro absoluto de la franquicia. Más de dos décadas después, buena parte de la identidad de Piratas del Caribe sigue ligada precisamente a aquellas decisiones extrañas que al principio desconcertaban al estudio.