Rescatando al soldado Ryan, La delgada línea roja o Dunkerque encontraron maneras muy distintas de llevar la guerra a la pantalla. Algunas pusieron al público en medio del combate. Otras se concentraron en el miedo, el cansancio y las decisiones que toman los soldados cuando sobrevivir empieza a sentirse como cuestión de suerte.
En 2006, Eastwood hizo algo todavía menos común para un director estadounidense: contó una de las batallas más importantes del Pacífico casi completamente desde el lado japonés. La película fue rodada en su idioma, siguió a soldados que sabían que estaban rodeados y convirtió una derrota anunciada en una historia mucho más íntima que heroica.
'Cartas desde Iwo Jima' mostró la batalla desde el otro lado
La película es Cartas desde Iwo Jima, protagonizada por Ken Watanabe, Kazunari Ninomiya, Tsuyoshi Ihara y Ryō Kase. La historia ocurre en 1945, mientras miles de soldados japoneses esperan la llegada del ejército estadounidense a una isla que se ha convertido en uno de los puntos clave de la guerra en el Pacífico.
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Watanabe interpreta al general Tadamichi Kuribayashi, encargado de organizar la defensa. Sabe que el enemigo tiene más hombres, mejores recursos y una fuerza difícil de detener, así que cambia la estrategia habitual: manda construir kilómetros de túneles y refugios dentro de la isla para resistir todo lo posible.
Pero Eastwood no se queda únicamente con los altos mandos. Buena parte de la película la vemos desde Saigo, un panadero convertido en soldado que dejó a su esposa embarazada en casa. Mientras otros hablan de honor y sacrificio, él piensa en algo mucho más sencillo: sobrevivir y regresar con su familia.
La guerra aquí se siente más como miedo que como espectáculo
La historia nació mientras el director trabajaba en La conquista del honor, película centrada en los soldados estadounidenses de Iwo Jima y en la famosa fotografía de la bandera levantada sobre el monte Suribachi. Mientras investigaba encontró las cartas de Kuribayashi a su familia y empezó a interesarse por lo que había ocurrido del otro lado.
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En vez de meter ambas perspectivas en una sola cinta, decidió hacer otra película. Las dos llegaron a los cines con pocos meses de diferencia, pero Cartas desde Iwo Jima terminó siendo la que recibió mayores elogios. No intenta convertir a los soldados japoneses en santos ni borrar lo ocurrido durante la guerra: simplemente los presenta como personas que también tenían miedo, familias y dudas.
La guerra aquí se siente sucia, cansada y claustrofóbica
Eastwood no presenta el combate como una gran aventura. Los soldados pasan días encerrados bajo tierra, con hambre, calor y el ruido de los bombardeos encima. Cuando alguien muere, rara vez hay un discurso heroico esperando detrás.
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La fotografía ayuda mucho. La película está llena de tonos grises y apagados, como si el color hubiera desaparecido junto con cualquier esperanza de salir de la isla. Cuando aparece el fuego o la sangre, destacan todavía más.
También hay una decisión que cambia por completo el tono: casi toda la película está hablada en japonés. Para una gran producción estadounidense de la época era una apuesta poco habitual, pero permite entrar en ese mundo sin sentir que los personajes existen únicamente para que el público occidental pueda entenderlos.
Fue nominada al Oscar y hoy puedes verla en streaming
La recepción confirmó que Eastwood había hecho algo especial. Cartas desde Iwo Jima consiguió cuatro nominaciones al Oscar, incluida Mejor Película y Mejor Director. Terminó ganando la estatuilla a Mejor Edición de Sonido.
También conserva un 91 por ciento de aprobación de la crítica en Rotten Tomatoes, y con los años se ha mantenido entre las películas de guerra más reconocidas de este siglo. Mucho tiene que ver con esa manera de acercarse al conflicto sin convertirlo en una colección de grandes momentos heroicos. La cinta dura dos horas con 21 minutos y actualmente puede verse en Netflix y HBO Max.