Club Kid
Críticas
2,5
Regular
Club Kid

La vida nocturna queer como una crisis existencial para millennials y Gen Z

por Cristina Ibáñez

Hace unos días vi una de las películas más caóticas y extrañamente vulnerables del festival: Club Kid. La nueva cinta protagonizada por Cara Delevingne, Diego Calva y Jordan Firstman toma toda la energía de la vida nocturna queer, esas fiestas interminables, el sexo, las drogas, los desconocidos conectando a las 5 de la mañana; para construir algo mucho más melancólico sobre soledad, identidad y el miedo a crecer.

La película sigue a Peter, un promotor de fiestas underground en Nueva York cuya vida gira completamente alrededor del exceso. Vive entre clubes, hookups, sustancias y noches que parecen no terminar nunca, hasta que descubre que tiene un hijo de diez años del que jamás supo nada. A partir de ahí, lo que parecía otra historia sobre caos nocturno se convierte en un relato sobre madurez emocional y una generación que todavía no sabe exactamente cómo convertirse en adulta.

Club Kid
Club Kid
2h 06min
Dirigida por Jordan Firstman
Con Jordan Firstman, Cara Delevingne, Diego Calva

Y siendo honestos, Jordan Firstman, quien además de protagonizar la película también debuta aquí como director, no está reinventando el drama independiente con esta historia. De hecho, en varios momentos sentí que estaba viendo una especie de Big Daddy versión queer y millennial. Pero lo curioso es que funciona muchísimo más de lo que esperaba justamente porque toma esa estructura tan conocida del “adulto inmaduro obligado a crecer” y la adapta perfectamente a las crisis emocionales de los adultos jóvenes actuales.

Durante la función era imposible ignorar las risas constantes. Porque pocas películas recientes logran retratar tan bien esa sensación de estar en tus veintes o treintas intentando fingir que tienes control de tu vida mientras emocionalmente sigues perdido. Si perteneces a esa generación atrapada entre la cultura de la fiesta, la ansiedad, las relaciones fugaces y el miedo constante a quedarte atrás, probablemente vas a conectar muchísimo con el humor y las inseguridades que plantea la película.

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Club Kid nos mete de lleno al universo de estos jóvenes que convierten la noche en escenario, el cuerpo en performance y la extravagancia en identidad. Personas obsesionadas con ser vistas, deseadas y recordadas, aunque sea por unas cuantas horas antes de que salga el sol. Y honestamente, eso es lo mejor de la película.

Desde el minuto uno se siente como entrar a una fiesta a las 3 AM: luces neón, sudor, música, alcohol y una energía constante de euforia artificial. Al principio, la película incluso logra hacer que quieras quedarte ahí para siempre junto a sus personajes. Pero poco a poco comienza a revelar algo mucho más triste: qué pasa cuando toda tu personalidad está construida alrededor de nunca detenerte.

Ahí es donde Club Kid deja de ser solamente una película sobre la vida queer nocturna y se convierte en una reflexión bastante incómoda sobre nuestra generación. Sobre personas que viven escapando constantemente porque realmente no saben cómo enfrentar el silencio, el compromiso o la adultez.

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El problema es que la película nunca termina de profundizar completamente en todas esas capas emocionales. Mientras más avanza la historia, más evidente se vuelve que el guion empieza a jugar demasiado a lo seguro. Muy rápido entiendes que Peter solamente puede terminar en uno de dos caminos posibles, y eso le quita bastante tensión emocional al recorrido. Más que sorprenderte, la película se siente como observar a un personaje correr inevitablemente hacia una decisión que probablemente ya anticipaste mucho antes. Y aun así… funciona.

Porque incluso cuando la historia se vuelve predecible, la película sigue siendo extremadamente honesta con las emociones que intenta retratar. Entre hookups, fiestas y caos nocturno, Club Kid termina hablando de algo mucho más universal: el miedo a crecer cuando toda tu identidad depende de seguir escapando.

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