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    Downton Abbey
    Críticas
    2,5
    Regular
    Downton Abbey

    ¿Bastaba con un episodio especial?

    por Cristina Ibañez
    "¿No te sientes solo y harto de todo esto?", dice Claire Foy como la Reina Isabel I en el primer episodio de The Crown. "Todo el tiempo", responde Jared Harris, quien da vida a su padre, el Rey Jorge VI. Tras décadas de abordar con sentimentalismo la vida privada de la realeza inglesa, por fin estábamos disfrutando de producciones como ésta que no maquillaran la agobiante vida de los aristócratas o el asfixiante peso de la corona. El cine y la televisón construía -poco a poco- un retrato fiel del alto precio que se paga por ser parte de la monarquía, pero pareciera se dio un paso atrás cuando llegó Downton Abbey a la pantalla grande, siendo la organización de los sirvientes ante la visita de los reyes de Inglaterra la única problemática a la que se enfrentan los protagonistas allá por 1927. 

     



    Lady Mary Tallbot (Michelle Dockery)
    y su familia, los Crawley, están terriblemente abrumados ante la inesperada visita del rey Jorge VI (Simon Jones) -porque qué ingrata es la vida cuando tienes la oportunidad de recibir al rey de Inglaterra en tu residencia de 300 habitaciones-. Pero Lady Tallbot no es la única angustiada, la servidumbre está enfurecida ante la imposición de la monarquía por llevar a sus propios sirvientes para que los atiendan. Existía la posibilidad de explorar el abismo entre unos y otros, pero el director, Michael Engler, sólo ofrece una insípida historia que hubiera funcionado mejor como episodio especial que como película.

    Downton Abbey no es una apología de la aristocracia inglesa, es una empalagosa historia sin pies ni cabeza. La intención de extrapolar las experiencias de los habitantes de la casa con la de los trabajadores que la mantienen de pie, nunca se concreta. No hay un vistazo hacia una realidad fidedigna como lo vimos en The CrownSí, está de vuelta Maggie Smith como Violet Crawley y Jim Carter como Mr. Carson, pero no es suficiente. Esta adaptación está colmada de aquel sentimentalismo que ya no queremos ver. La trama es más empalagosa que un especial de Navidad. Pero si se tenía el afán de ponerle punto final a una popular serie con una película, quizás se hubiera recurrido a hechos reales para inyectarle vitalidad...

    La emblemática residencia, la cual se convirtió en la sensación de los turistas gracias a los Crawley, la familia ficticia que ahí habita, esconde secretos mucho más apasionantes en la vida real que los dramas entre los habitantes y la servidumbre que el filme retrata. George Herbert de Carnavon, quinto hijo de Lord Carnavon, heredero de la propiedad construida en 1697, habitó con su esposa, Almina, en esta espectacular residencia. Pero tras sufrir un accidente automovilístico en Alemania, Carnavon decidió pasar el invierno en Egipto, entonces bajo protectorado del Imperio británico. Durante su estancia, Carnavon financió la expedición de Howard Carter, célebre arqueólogo y egiptólogo inglés, quien descubrió la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. Por ende, la historia real detrás de los muros Downton Abbey es mucho más interesante que el drama familiar que retrató la BBC.¿Por qué no recurrir a un hecho tan relevante como este para cerrar con broche de oro? 

    La tendencia de ponerle punto final a una serie con una película, siempre es arriesgado. Recurrir al sentimentalismo para retratar la vida de la aristocracia inglesa, absurdo. Downton Abbey es un insípido cierre para seis temporadas repletas de elegancia y grandeza. Aunque debo de admitir que el baile final es emotivo, casi tanto como la partida de Lily James de la serie...

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