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    Mientras dure la guerra
    Críticas
    3,5
    Buena
    Mientras dure la guerra

    La reivindicación de Amenábar

    por Iván Romero

    Alejandro Fernando Amenábar Cantos, mejor conocido como Alejandro Amenábar, es originario de Santiago de Chile, pero de madre española y residido en la Madre Patria desde muy chico. Su cine ha marcado a muchas personas incluyéndome a mí en los 90; indudablemente el cine español por muchos años encontró a un contador de historias genuino, interesante en él; nueve premios Goya y un Oscar no son para menos. Sus obras, por más pertinentes que resultaran de aquella cultura, viajaron a muchos lugares y llegaron de manera que no podemos describir en pocas palabras: Tesis, Abre los ojos, Mar adentro y Los otros, son ahora clásicos y referentes del género.

    Después se embarcó en viajes filosóficos y grandilocuentes con Ágora, aunque no por eso menos valiosos, y tuvo un pequeño tropiezo con Regresión en 2015, thriller sin pies ni cabeza que resulta una mala pasada para alguien que hoy, con su reciente película: Mientras dure la guerra, demuestra que lo suyo es el quehacer cinematográfico y que, aunque tenga sus bemoles o talones de Aquiles, sabe de qué trata el montaje y encuadre, pero, sobre todo, contar una historia mediante imágenes.

     



    El guion de Mientras dure la guerra es de su autoría y en colaboración con Alejandro Hernández narra un episodio muy particular de España en el verano de 1936. El gobierno de Francisco Franco se encontraba en uno de sus momentos más álgidos, cuando el laureado escritor, Miguel de Unamuno, decide pronunciarse públicamente y apoyar la rebelión de militares contra el gobierno, para que se encuentre un punto intermedio y haya paz en el país. Su declaración provoca que lo destituyan de su cargo como rector de la Universidad de Salamanca, mientras el gobierno franquista parece avanzar cada vez más obteniendo victorias en el país. El escritor se ve envuelto en una serie de cuestionamientos que lo hacen enfrentar a sus peores demonios.

    El relato aborda el franquismo desde una trinchera completamente opuesta a lo que solemos ver, y lo ocurrido con Miguel, sin embargo, es un evento que nadie hubiera pensado llevarlo a la pantalla grande por muchas razones: la principal es que las implicaciones, más que generales, fueron personales para el escritor. Sin duda tuvo impacto su pronunciamiento, debido al hartazgo por ver tanta sangre derramada en el pueblo español, pero el dilema de sus declaraciones fueron lo que internamente crearon una guerra  en él, respecto a si había hecho lo correcto o no.




    Con esta película Amenábar fue recibido con más vitoreo que detracciones y marcó su regreso a la temporada de premios, obteniendo cinco Goya, 17 nominaciones en la mencionada premiación y varios reconocimientos por sectores de críticos. Es indudable que hay dos apartados que valen destacar de esta apuesta de Alejandro, la cual es arriesgada: el primero es que su actor principal: Karra Elejalde luce irreconocible y construye un personaje creíble, cuyas posturas están cimentadas no sólo en el guion, sino en las decisiones creativas que tomó el actor para darle vida a un personaje real. De la misma manera que Gary Oldman desapareció en Las horas más oscuras, Elejalde lo hace aquí y hay un paralelismo muy interesante en esta comparación, ya que el filme se apoya en este personaje y la actuación de su protagonista para recrear un evento que, sin restarle importancia, podría resultar casi anecdótico.

    Lo segundo es el nivel de producción; lo que padece el libreto es falta de ritmo, giros vertiginosos, personajes que se pongan al nivel de Elejalde y un clímax, porque eso sí, Mientras dure la guerra, es anticlimática y se compensa con una manufactura impecable, un manejo de cámara fijo y elegante, una edición y fotografía digna de un cineasta como del que hablamos. En pocas palabras, es la película más grande de Amenábar, ambiciosa por la ambientación y locaciones elegidas. Aunque el retrato y el trayecto de Unamuno es muy personal, todas las calles, pasillos y lugares por donde transita son vistosos, como las ciudades y pueblos de España y ahí es donde Amenábar logra que el filme agarre su giro épico.




    El elenco que acompaña a Elejalde no es que no se equipare al trabajo del actor, sólo que el tiempo en pantalla y desarrollo es mínimo. Aun así, destaca Santi Prego como el mismísimo Francisco Franco; Eduard Fernández como José Millán; y Nathalie Poza como Ana Carrasco.

    Mientras dure la guerra crea una necesidad en Amenábar de hablar de su país, como quizá nunca lo había hecho, y su visión, aunque carente de suspenso, es un documento fílmico que sirve de análisis. Quizá no conmueva como sus anteriores trabajos y seguramente no es la intención, pero sí crea un precedente de un momento especifico en la historia del país ibérico. Tan solo por eso hace que valga la pena hablar de esto y de su director, quien sigue en forma para crear historias.

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