The Dead Don’t Die
Críticas
2,5
Regular
The Dead Don’t Die

Una buena broma que no será un esencial de Jarmusch

por Carlos Gómez Iniesta

Con ocho largometrajes estrenados en la competencia de Cannes, nueve con The Dead Don't Die, Jim Jarmush, regresa al festival francés para inaugurar la selección en competencia del 2019.Una decisión que navega entre el atrevimiento y la mofa, pero que quizá por tener los tamaños que tiene él, se le otogran este tipo de honores. 

La cinta se enfoca en dos policías de Centerville, un pueblito típico del Medio Oeste de Estados Unidos. Desde la primer secuencia, se nota que la perenne tranquilidad se ha roto: El sargento Cliff Robertson (Bill Murray en su cuarta colaboración con el de Ohio) y el joven policía Ronnie Peterson (Adam Driver) llegan a visitar al hermitaño Bob (Tom Waits) pues el racista granjero Miller (Steve Buscemi) sospecha que le ha robado una gallina. Al concluir la misión comprueban que los problemas son aún más grandes: la luz del día no ha cambiado conforme las horas avanzan, hay ataques violentos contra la población y los muertos se comienzan a mover...

Aún así, en Centerville no cunde el pánico, nadie sale corriendo. Prefieren quedarse a rumiar los problemas mientras en el telenoticiero anuncia que el fracking -la temible técnica para extraer petroleo del subsuelo- está modificando los polos del planeta, que se avecina la extinción. Momento perfecto para, cómo toda buena película de zombies, hacer metáfora de la actuliadad: se prefiere el rumor sobre el conocimiento, el miedo a los forasteros, la inquietante pasividad contra la destrucción del planeta. La autentica conversión de los no-muertos. La cinta es crítica a los tiempos de Donald Trump, sus descalificaciones y la minimización de los desastres ecológicos. Sin embargo, deja claro que la culpa tambien es de nosotros, los zombies, deambulando para pedir café gratis, posar para selfies, movernos con la cara agachada para conseguir wifi.

Bill Murray, Chlöe Sevigny y Adam Driver.

Y la burla va más allá. El director nos saca de la ficción intencionalmente y, como los zombies, no hacemos nada mas que quedarnos frente a la pantalla entre divertidos y consternados. No nos paramos del asiento cuando una canción se les hace conocida a los personajes pues son perfectamente consientes de que es el tema de la película. O de que las cosas no terminarán bien pues a Ronnie "Jim ya les dio a leer el guión". O ya no sabemos si Adam Driver, entre los dialogos inteligentes, no está mintiendo cuando dice que ama a México y se siente atraido por las mexicanas al ver a Selena Gomez en shorts. Ellos y nosotros tenemos que continuar la farsa. 

Si por la presencia de Murray esperabamos una especie de continuidad de Zombieland estamos equivocados. Sí esta ese tipo de comedia sarcastica que su sola presencia da. Pero aquí nada se toma con prisa, nada se toma con demasiado estupor. Incluso los zombies vuelven a hacer lentos y torpes.

En si The Dead Dont Die es más para los seguidores incondicionales de Jarmusch. Sí, es una goce ver a sus complices recurrentes llegar a nuevos limites, como Tilda Swinton haciendo de una embalsamadora samurái escocesa quien corta la cabezas a katanazo limpio pero quizá el realizador exige demasiado al permitirle que la historia se vaya a donde quiera (y cuando digo a donde sea, es eso, a donde quiera). Quienes no estén dispuestos a comprender la burla, las bromas meta y las autoreferencias, se perderan de lo mejor de la cinta. Y habra otros, como es mi caso, que entendiéndolas se darán cuenta que es una película para que el realizador y el elenco la pasaran bien, pero que lejos esta de ser una de las esenciales del director. 

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