Coyote vs. ACME: El regreso que los Looney Tunes necesitaban
por Víctor GómezOlvídate de películas como Anatomía de una caída, Cuestión de honor o El Juicio de los 7 de Chicago, porque Coyote vs. ACME llegó a para demostrar cómo es que se hace una gran película de juicios con un humor tan simple pero muy efectivo para toda la familia.
Después de varios años, obstáculos burocráticos, quejas en redes sociales y algunas manifestaciones afuera de los estudios de Warner Bros, finalmente ha llegado a la pantalla grande una nueva película del universo de los Looney Tunes que captura toda la irreverencia, ingenio y humor tonto —en el buen sentido— que tanto ha caracterizado a esta franquicia desde hace más de 95 años. Así que solo queda preguntarnos si valió la pena todo el esfuerzo y tiempo para que esta cinta saliera a la luz.
Y la respuesta, para sorpresa de absolutamente nadie que haya crecido viendo al Coyote ser aplastado por una roca gigante, estrellarse contra una montaña o caer de un enorme acantilado es que sí, Coyote vs. Acme no solamente consigue recuperar buena parte del encanto de los Looney Tunes, sino que encuentra una manera bastante inteligente para tomar uno de los chistes más sencillos de las caricaturas para convertirlo en una historia original, entretenida y muy divertida que logra sostenerse a lo largo de sus 103 minutos de duración.
Durante más de 77 años, Wile E. Coyote ha tratado de capturar al Correcaminos con miles de inventos, trampas y artefactos fabricados por la marca ACME, pero después de que cada uno de estos productos termine jugando en su contra y provocando que sus planes fracasen una y otra vez, el depredador decide llevar a la compañía ante los tribunales.
Para llevar a cabo su plan, recurre a Kevin Avery, un abogado venido a menos que ve en este extraño caso una oportunidad única para potencializar su carrera. Sin embargo, ambos tendrán que enfrentarse a Buddy Crane, un astuto abogado y antiguo compañero de Kevin que hará todo lo posible por defender los intereses de ACME.
Luego de la menuda decepción que fue Space Jam: Una Nueva Era, muchos pensábamos que las películas que combinan live-action con animación habían quedado en el pasado, reducidas a un festival de cameos innecesarios y diferencias que parecían existir únicamente para provocar nostalgia. Afortunadamente, Coyote vs. Acme llegó para cambiar un poco esta perspectiva al demostrar que todavía es posible tomar a personajes animados tan reconocibles como los Looney Tunes y construir alrededor de ellos una historia con identidad propia.
La cinta plantea una especie de David contra Goliat que no teme presentar un conflicto con un tono ligeramente más adulto, pero sin olvidarse de los mismos elementos que durante décadas hicieron tan característicos a los personajes animados creados por Chuck Jones.
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Aquí el Coyote sigue conservando esa personalidad obsesiva, ingeniosa y exagerada que lo ha acompañado desde sus primeras apariciones, pero ahora es colocado en un escenario completamente distinto que le permite explorar una faceta mucho más profunda que pocas veces habíamos visto en pantalla.
Ya no se trata únicamente de perseguir al Correcaminos y encontrar una nueva manera de fracasar, sino de darle una motivación propia y convertirlo en el auténtico protagonista de su historia. Y es que esto resulta especialmente interesante porque estamos hablando de uno de los personajes más importantes de los Looney Tunes que, a diferencia de figuras como Bugs Bunny, el Pato Lucas o Porky, durante mucho tiempo ha quedado relegado a un segundo plano.
Uno de los mayores aciertos de Dave Green como director es precisamente haber comprendido que los Looney Tunes no necesitan convertirse en algo completamente diferente para funcionar en el cine actual. Tampoco necesita reinventar el “slapstick” ni intentar darle una explicación demasiado elaborada a un tipo de humor que funciona precisamente por su sencillez. Las persecuciones, los golpes, las explosiones y los inventos imposibles que inevitablemente terminan saliendo mal siguen formando parte del ADN de estos personajes, pero ahora están integrados con un mayor propósito más allá del simple gag.
Y es aquí donde Coyote vs. Acme encuentra un equilibrio que Space Jam: Una nueva era no consiguió. Mientras aquella película parecía estar más preocupada por recordarnos constantemente la cantidad de personajes y propiedades que pertenecían al catálogo de Warner Bros, esta cinta entiende que no necesita llenar cada escena de referencias para mostrar que estamos ante una película de Looney Tunes. Aquí los cameos funcionan de manera orgánica y dinámica, sirviendo como ejes narrativos para hacer avanzar la historia.
La combinación entre animación y live-action funciona de maravilla al igual que en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y Chip y Dale: Al Rescate, porque los personajes animados no se sienten como simples invitados dentro de una película protagonizada por humanos. El mundo real sirve como escenario para contrastar la exagerada personalidad de estos clásicos dibujos animados, pero sin intentar quitarles protagonismo. Al contrario, la película encuentra una manera bastante natural de hacer que ambos universos convivan y que las reglas de cada uno funcionen dentro de la misma historia.
Y para que esta dinámica no dependa únicamente del Coyote, la película cuenta con Will Forte y John Cena, quienes aportan dos personalidades completamente distintas. Forte por su parte, consigue convertirse en el punto perfecto entre el mundo real y el absurdo de los dibujos animados, entregando una química exquisita que funciona especialmente bien cuando su personaje intenta mantener cierta seriedad mientras su cliente convierte cada situación en un completo desastre, dando pie a una relación que poco a poco a se convierte en uno de los motores de la historia.
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Por su parte, John Cena vuelve a demostrar que la comedia es uno de sus puntos más fuertes, utilizando la seguridad y exagerada confianza de su personaje para crear un antagonista bastante divertido. La diferencia entre la personalidad de Forte y la de Cena beneficia a la trama, ya que ambos aportan estilos de humor distintos que mantienen entretenido el conflicto judicial.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, pues aunque la premisa resulta bastante original, su desarrollo termina recurriendo a una fórmula que hemos visto en incontables ocasiones que consiste en dos personajes completamente diferentes que se unen por una causa en común, se hacen amigos con el paso del tiempo y terminan separándose por un malentendido antes de reconciliarse.
Aunque esta estructura funciona y ayuda a darle un componente emocional a la cinta, también resulta bastante predecible desde el inicio de su relación, lo que resta un poco de originalidad a una propuesta que tenía todo para arriesgarse más.
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A pesar de estos tropiezos, Coyote vs. ACME termina siendo una agradable sorpresa que consigue demostrar que los Looney Tunes son una propiedad intelectual que todavía tiene suficiente personalidad, carisma y potencial para continuar cautivando tanto a las generaciones que crecieron con estos personajes como a quienes apenas comienzan a descubrirlos. La película entiende que no hace falta reinventar por completo a estos clásicos, sino encontrar nuevas historias que sepan aprovechar aquello que los convirtió en auténticos íconos de la animación.
Quizá no sea una obra maestra ni una película que vaya a revolucionar el género, pero tampoco necesita serlo. Su valor no está en la originalidad de su propuesta, sino en la manera en que abraza a este personaje con un ritmo frenético y un manejo brillante de la comedia física. Por ello, el simple hecho de que finalmente haya logrado llegar a la pantalla grande se siente como un gran triunfo. El resultado es una producción sumamente divertida y entretenida que consigue estar a la altura de clásicos como la primera entrega de Space Jam y Looney Tunes: De nuevo en acción.