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    Polvo
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Polvo

    Yazpik nos agarró desprevenidos con su ópera prima

    por Carlos Gómez Iniesta
    A simple vista, Polvo pareciera ser una cinta de narquillos, como tantas las hay. Aquella impresión puede venir del tener aún presente a su director y protagonista, José María Yazpik, en el personaje de Amado Carrillo de Narcos: México, la exitosa serie de Netflix. Pero al exponerse a su ópera prima nos damos cuenta de que efectivamente ése es el contexto, pero en realidad estamos frente a una cálida película de reencuentros con los lugares y personas con las que uno creció. Aquellos que te podrían ayudar a lograr algo de redención cuando te sientes perdido. 

    El inicio es común, un capo le pide a su subordinado que a su vez mande a un chalan a resolver un problemita: recoger unos paquetes que cayeron del cielo en un recóndito pueblito de Baja California Sur. La misión se le impone a El Chato (José María Yazpik) un joven de aquel pueblo que dice haberse ido al otro lado a probar suerte como actor...dice. Sin que los demás sepan claramente cuál es su actual oficio, las circunstancias lo hacen regresar a San Ignacio para toparse con los amigos que se juntaban en la plaza a pistear todas las tardes, con la familia que siempre lo ha extrañado y, sobre todo, a reencontrarse con Jacinta (Mariana Treviño) amor que quedó interrumpido tras su partida hace diez años. Sin querer queriendo, la presencia del hijo pródigo les cambiará la vida a todos los habitantes, mientras el carga en silencio con el peso del inminente peligro que recae sobre sus cabezas. 


     


     

    El llegar a San Ignacio junto con El Chato es empezar a sentirse como en casa. Varios personajes entrañables nos dan la bienvenida mientras la trama se desarrolla con fluidez y acertados toques de humor. Para ello se pinta solo un elenco más que afortunado (Angélica Aragón, Jesús Ochoa, Joaquín Cosío, Carlos Valencia), pero en especial Mariana Treviño y Adrián Vazquez, quienes debido a los amores frustrados y la marca de territorios construyen una dinamica bastante especial con el protagonista –oírles en acento de aquellas tierras es una delicia–. Es muy afortunado que aún cuando se avanza entre asesinatos y reencuentros, extorsiones y amores, codicia y perdones,  el director sostiene un tono constante dentro de una agridulce comedia negra. Incluso con algunos toques nostálgicos representados en la inocencia de los habitantes a principios de los años 80, cuando el narco aún no lo permeaba todo. Otro bello ejemplo: su melancólico final.  

    En coproducción con Mónica Lozano, José María Yazpik nos ha tomado por sopresa con su ópera prima. Un guión redondo coescrito con el dramaturgo Alejandro Ricaño e inspirado en hecho reales donde además de las peripecias sucedidas por mantener todo tipo de secretos, no se pierde la oportunidad de hacer una velada crítica a las ambiciones sin control, poniéndo en claro que el pueblo también es parte del problema de lo que le sucede. Y es que de alguna forma el pequeño San Fernando puede ser una analogía del actuar de la Iglesia, los candidatos políticos y los nuevos ricos de todo un país. A Yazpik se le nota cómodo detrás de las cámaras en las tierras que lo vieron crecer, dando un importante paso en donde otros actores han sucumbido penosamente. Aquí hay una cinta técnicamente pulcra, con un tono personal, sumamente entretenida y sin pretenciones grandilocuentes. De que tiene oficio, lo tiene. Es una entrada más que decorosa al camino de la dirección. 

     




    Polvo 
    se estrena en México en el FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia).

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