De vuelta con una segunda temporada, Soler y Marchal continúan resolviendo los casos de diferentes crímenes mientras balancean su vida como padres divorciados de dos adolescentes. Los casos comienzan con un extraño hallazgo del cadáver de una mujer vestida de novia, la cual desapareció tres meses antes durante el día de su boda. Por otro lado, el cadáver calcinado de un hombre aparece en la península de Maguelone, donde los bomberos acaban de sofocar un incendio. La víctima resulta ser un escultor que participó en los trabajos de renovación de la catedral románica de Saint-Pierre-et-Saint-Paul.