La cinta más realista del Apocalipsis está en Netflix y hoy es una nueva oportunidad de verla con ojos más científicos.
Cuando se habla del fin del mundo en el cine, casi siempre aparecen las mismas imágenes: Actores como Bruce Willis, Tom Cruise o Brad Pitt gritando órdenes, explosiones imposibles, presidentes dando discursos y un meteorito reventando medio planeta con la lógica de un videojuego. Hollywood ama ese tipo de apocalipsis porque se ven enormes, ruidosos y muy vendibles. El problema es que, cuando uno pregunta a científicos cuál de esas películas se acerca más a algo real, la respuesta casi nunca va por el camino más espectacular.
Lo curioso es que el "fin del mundo" más realista no suele venir con héroes inflados ni soluciones milagrosas de último segundo. A veces llega en una película más pegada al drama humano y mucho menos interesada en convertir la catástrofe en un espectáculo. Eso es lo que pasó con una cinta que en su momento quedó medio opacada por una competidora mucho más ruidosa, pero que con los años ha ganado un prestigio muy distinto.
La película que los científicos sí compran
La película en cuestión es Deep Impact, dirigida por Mimi Leder y estrenada en 1998, casi dos meses antes que Armageddon. Mientras la cinta de Michael Bay apostó por el espectáculo puro, Deep Impact eligió un enfoque más sobrio, dramático y mucho más interesado en mostrar cómo reaccionaría el mundo ante la amenaza real de un cometa en ruta de colisión con la Tierra.
La diferencia no fue casual. La producción contrató a varios científicos como consultores, entre ellos Gerry Griffin, antiguo director del Johnson Space Center de la NASA, y además sí aplicó muchas de sus recomendaciones. Eso explica por qué, cada vez que se compara con Armageddon, la balanza de lo posible se inclina clarísimo hacia Deep Impact.
Ni Bruce Willis ni una misión suicida imposible
Parte de la gracia de Deep Impact está en que se resiste a la fantasía del salvador todopoderoso. No necesita de astronautas a contrarreloj ni una lluvia de explosiones. Su interés va por otro lado: cómo reaccionan los gobiernos, qué decisiones toman las instituciones, cómo se organiza la evacuación, qué pasa con las familias y cómo se siente una amenaza cuando deja de ser noticia y se vuelve un destino compartido.
Clark R. Chapman, científico especializado en ciencia planetaria, dijo que si una amenaza de ese tipo ocurriera de verdad, Deep Impact describe a grandes rasgos una secuencia de acontecimientos más realistas. En cuanto a Armageddon, señaló que su historia era mucho menos creíble y que incluso la representación del cuerpo celeste resultaba totalmente irreal. No hace falta ser astrónomo para notar la diferencia, pero cuando lo dicen especialistas, el asunto toma sentido.
El gran problema: llegó junto a un monstruo más ruidoso
Lo curioso es que Deep Impact no fue precisamente un fracaso. Al contrario: con un presupuesto de 80 millones de dólares, terminó su corrida comercial con casi 350 millones en taquilla mundial. El problema fue que estrenó en el mismo año que Armageddon, una película más aparatosa que terminó recaudando 553 millones y se volvió la gran ganadora del momento.
Pero hay una razón muy simple por la que Deep Impact envejece mejor de lo que muchos recuerdan: entiende que el verdadero miedo no está sólo en el objeto que cae del cielo, sino en todo lo que se rompe antes del impacto. La película pone a los personajes por encima del show y se detiene a mirar cómo cambia la vida cotidiana cuando el mundo entra en cuenta regresiva.